viernes, 15 de diciembre de 2017

Leavenworth

Era primer fin de semana de diciembre e hicimos doblete, salimos un poquito por la noche a celebrar un cumpe (alí tuvimos que preguntar si con el humo de las velas saltaba la alarma de incendios, no vaya a ser que acabásemos pronto y mojados con la fiesta), sin gastar nada y volviendo pronto ya que al día siguiente teníamos planeada excursión!


Par esta excursión nos juntamos Fabi, Andrea, Ilyas, una amiga de la familia de Andrea y la escritora-redactora del blog. Fuimos a alquilar un coche a downtown, y de la emoción Fabi se dio un gran trompazo cuando se quiso apoyar en dios sabe qué porque no había nada, así que el madrugón le pasó factura y le dejó moratón.


La excursión constó de dos paradas, la primera fue en Snoqualmie. Una catarata cercana a Seattle, en medio de un pueblito.


Cuando llegamos pagamos e innecesario parking, y vimos la densa niebla tapando la catarata. Fue un poco desilusionante, pero poco a poco empezó a despejar y salir el sol, hasta que pudimos admirarla en todo su esplendor y transformación.


De nuevo vuelta al coche y nos vamos a Leavenworth, una copia de pueblo bávaro construido en el medio de los Estados Unidos, y famoso por su encendido de luces y su singular forma de cuento navideño.


El camino fue de lo más bonito (aunque se nos hizo largo), los árboles estaban nevados y había un montón, el sol además dejaba ver como salía humillo del deshielo y la nieve se deshacía. Aquí ya no paré a rebozarme pero no fue por falta de ganas.


Al llegar a Leavenworth lo primero fue una guerra con la poquita nieve que cayó el día anterior, ir a dar una vuelta, comer y encontrarnos con los de Vashon a tomar unas cervezas.


La primera vuelta por Leavenworth nos pareció bastante falso el pueblo, como si estuviese hecho de cartón (como casi todas las casas de américa, pero más peor). Era bonito, pero muy poco auténtico.
Tras tomar unas cervezas fuimos al mejor sitio que el pueblo escondía, el waterfront y un parque al lado del río.  Allí volvimos a jugar con la nieve, bolazos, persecuciones, y demás cosas.


Tambien fuimos a ver los villancicos cantados y como no, aquí las mañicas deleitamos a todo el pueblo marcándonos una jota de lo más improvisada al ritmo de panderetas y  piano.


La hora del encendido se acercaba así que fuimos a coger un buen sitio. A las 8 se suponía que encendían las luces del pueblo (momento espectacular donde solo se oye oooh), pero no fue hasta las 8:30 cuando se encendieron. Tan apenas las vimos ya que lo que queríamos era apaciguar el frio con una bebida caliente.


Y a eso fuimos! A tomar una cerveza, nos la bebimos con un grupo de brasileños, amigos de una compi de inglés y vuelta para casa.


Vuelta como no, movidita, puesto que al salir a la autovía de camino a casa de repente vimos más luces persiguiéndonos que en el pueblo de que acabábamos de volver. Nuestro acojone empezó a desvariar, "Tenemos los carnets caducados", "el coche alquilado no está a nuestro nombre" "nos ha pillado saltándonos el stop" "como nos hagan la prueba del alcohol nos joden aunque solo llevemos una cerveza"... entre otras muchas más ocurrencias.

Entre el policía, que estaba de buen humor, y nosotros que acordamos hacernos las españolas que no saben inglés, salimos bienaventurados de la hazaña. Solamente nos paraba, para hacer un control rutinario porque como los americanos beben y conducen, pues para evitar eso... y como eramos españolas no hacía falta ni comprobarlo porque le habíamos dicho que no habíamos bebido.
Nos explicó que si tienen todas las luces encendidas había que parar, y nos preguntó qué como era en España, lo cual le pareció curioso.


De los días que más nos hemos reído y jugado como niños.





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