domingo, 18 de marzo de 2018

Nochevieja en Seattle


La nochevieja en España empezaba a las 15:00 de Seattle, es decir que yo estaba terminando de comer (no porque fuese la hora de comer, sino porque me levanté muy tarde y desayuné tarde, por lo que comí en horario español).
En Nochevieja normalmente cenamos la familia de mi madre y la de mi tía abuela materna con todos los tíos y descendientes pertinentes, nos juntamos una veintena más los que luego vienen a felicitar y entre copa y copa comen un poquito de turrón, normalmente de café o piña (la gran pelea de las navidades) o las trufas de mi tío Sergio.
Tenía que tomarme las uvas aunque fuese desde lejos, y es que el año pasado ya no me las pude tomar con mi familia. Así que les llamé y bueno os cuento: normalmente el mando de la televisión en nochevieja está siempre escondido por alguien (casi siempre por mi padre o mi tía que intenta evitar que mi padre lo coja), ya que según quien lo tenga dependerá el canal en el que tomar las uvas.

Este año mi padre no tenía el mando porque estaba intentando pegar el teléfono a la pared para sentirme incluida en las campanadas, por lo que mi tía también estaba relajada y no se dio cuenta de que mi primo David (aprendiz donde los haya) tenía el mando y jugó a cambiar el canal.
Mi sorpresa fue que (yo tenía las campanadas puestas en el ordenador) tras sonar los cuartos y la televisión de mi familia apagarse todos corrieron a otra televisión ya que no se encendía, así que medio comí las uvas solas, hasta que vinieron a por mí (en móvil)  y ya entre lloros y risas nos felicitamos el año nuevo en España.


A mí me seguían quedando bastantes horas hasta despedir el 2017, pero había que preparar el qué hacer.
Pepito (marido de Pepita) y sus amigos tienen un local en Wallingford, donde iban a celebrar el año nuevo y nos dejaban estar allí con ellos compartiendo el rato y música, e incluso la bebida que nosotros quisiésemos.

La nochevieja sin amigos o compañeros de borrachera no es nochevieja, así que en el local de pepita nos juntamos el sector norte de auxiliares españoles y el sector sur, además de varios amigos de la familia de Pepita incluido el grupo de Pepito.
Entre conversación, juego, baile y trago pasaba la noche, eran las 10 y si salíamos algo más tarde nos encontraríamos con todos los bares cerrados, así que adelantamos la hora de las uvas a las 10:30.
A golpe de batería toque junto con Daniela las campanadas provocando algún atraganto debido a mi velocidad entre toque y toque (sorpresa la que me llevé al ver que algo sabia de batería (o eso o iba borracha y me parecía que todo sonaba genial)).

Con las uvas haciendo la digestión llamamos al uber y como pudimos nos montamos. El viajecito fue de lo más entretenido risas, lloros, confesiones y entre una cosa y otra alguna vomitina en la parte de atrás que nos costó $40 de multa.
Como pudimos otra vez llegamos 2 de 4 al bar donde habíamos quedado con el resto (2 de 4) y os preguntareis, y ¿qué pasó con las otras? Pues, como buena nochevieja la borrachera las obligó a retirarse.

Y nada entre risas, lloros y alguna que otra pelea con el dj por no ponerme el barquito del amor terminó mi última noche de año.
Al día siguiente como buena propuesta de año nuevo salí a correr y celebrar que el año empezaba con un bonito y soleado día en Seattle.

viernes, 9 de marzo de 2018

Hermana valiente


Que duro, bonito, gratificante, difícil es ser mujer y sobre todo una mujer feminista. Una mujer feminista que lucha por sus derechos, por ser tratada igualmente. Pueden parecer cosas muy normales, pero los hombres también saben limpiar y yo se cambiar bombillas, ellos saben cocinar y yo puedo arreglar la puerta cuando chirría. Sin embargo, realizar según que acciones asociadas al otro género provocan desacertadas miradas y comentarios, por llamarlos de alguna forma, ignorantes. 

Hola soy Marta Crespo la hermana de Maria y no sé por qué, pero siempre se me han dado mejor las cosas que se relacionan con el sexo masculino que las que se relacionan con el femenino. Me encanta jugar al fútbol, la carpintería (en mi tiempo libre de pequeña hacía cabañas con todos los chicos mientras todas las chicas se quedaban a un lado mirando), me apasionaba jugar a lucha, tenis, frontón… Incluso, solía vestir con ropa que se encontraba en la zona de chicos.




Todo iba bien hasta que comencé a crecer, empecé a abrir los ojos y la mente y me topé con el machismo. Una concepción de entender el mundo, la vida laboral, el día a día en la familia... que no solo la veía reflejada en los hombres, sino también en las mujeres de mi entorno.

Hace unos años (y todavía a día de hoy) en mi casa mi abuela, mi madre, mi hermana y yo poníamos y recogíamos la mesa mientras mi abuelo y mi padre se iban al casino, a echar un café… Ninguno/a éramos conscientes ni nos parábamos a pensar lo que eso significaba, se había hecho toda la vida y estaba tan normalizado que salía instintivamente.


En el colegio me llamaban marimacho y también se llegó a normalizar, alcanzando un punto en el que hasta yo misma me definía como tal.

Jugaba en un equipo con todos chicos, compartíamos vestuario y nos divertíamos todos juntos y yo me sentía unO más. Siempre me sentí como un chico más, hasta que me di cuenta de que estaba equivocada. Poco a poco fui comprendiendo que soy una chica a la que le apasiona el deporte y no por ello soy menos femenina (de hecho de niña era lo más coqueto y presumido que había).

Crecí y me tocó dejar a mi equipo de chicos, me pasé al fútbol femenino (a partir de cierta edad ya no te dejan seguir jugando con ellos) y ahí nació otro nuevo dilema: dejé de ser “marimacho” para ser  “bollera”.
En mi entorno, bollera eran todas y cada una de las chicas que jugábamos y jugamos al fútbol. Este término no entraba en mi cabeza, como iba a ser homosexual solo por jugar a fútbol ¿Qué pasa que solo por practicar cierto deporte ya te cambia tu orientación sexual.En mi caso resultó que, no me cambió la orientación sexual si no que la encontré.

Al abrir la puerta del mundo del fútbol femenino entré en un ambiente un poco más libre y abierto, sin complejos ni tabús sociales ayudándome a conocerme un poco más. Descubrí mi auténtica sexualidad, pero también fui consciente de que se acercaba una serie de problemas: contarle la verdad a mi familia, presentarles como mi pareja a una mujer en vez de a un hombre…
Para muchos de mi familia yo era la princesita, la pequeña, pero me lancé. La primera en saberlo fue mi hermana, la cual desde el principio me apoyó en todo momento y me tendió su mano para cualquier cosa que necesitara. En ese momento me volví a dar cuenta que ser la hermana pequeña molaba y mucho (sobra decir que la mejor hermana la tengo yo). Años más tarde, tuve la necesidad de contarlo en casa y bueno costó aceptarlo, pero el momento que quiero destacar fue el contárselo a mis abuelos un poco más tarde. Ambos, contra todo pronóstico, me sorprendieron con una de sus mejores sonrisas y miles de preguntas, todo parecía ir bien.


Entonces llego mi lesión de rodilla y me toco coger la baja laboral. Todo mi entorno me pedía que dejara el fútbol, que no me iba a dar de comer. Pero nadie entendía que este maldito deporte me hizo ser mas yo que nunca. Sentía rabia de pensar que, si hubiera nacido hombre, quizás no hubiera tenido que dejar mi trabajo porque no tendría otro trabajo, porque viviría del fútbol hasta lesionada.
Es una lástima y una realidad, que mis compañeras de selección jugando en primera división estén cobrando miserias en comparación a cualquier jugador de segunda B e incluso primera regional. A parte de que ellos están mucho mas aclamados, apoyados y respetados social y económicamente.

Pero ya vale de quejas, por fin ha llegado el día. Hoy, 8 de marzo de 2018 las calles se han llenado de color morado, de personas luchando por la igualdad, porque a las mujeres se nos valore y respete, porque nos queremos vivas,  porque lucharemos por las que un día lo hicieron, por las que ya no están y no pudieron luchar, por las que vienen, porque las mujeres valemos lo mismo, porque las mujeres tenemos derecho a cobrar lo mismo por realizar el mismo trabajo, porque las mujeres no queremos ser valientes sino libres, porque las mujeres queremos que no nos enseñen a defendernos ni a normalizar los piropos, por que las mujeres somos bonitas con una talla 34 o una 48, altas o delgadas.

Las mujeres somos unas luchadoras y no dejaremos de luchar hasta que esto empiece a cambiar, hasta que los hombres no nos pregunten el motivo de la manifestación sin sentirse atacados, hasta que podamos volver a casa solas sin miedo, vestir como queramos, amar como sintamos...
Y hoy me siento orgullosa, porque viva la madre que me parió y viva la madre que pario a mi madre porque tengo la suerte de estar rodeada de las mujeres más valientes, luchadoras y bonitas del mundo. Os quiero con locura.


lunes, 12 de febrero de 2018

Christmas trip (Parte 2, de San Francisco a LA)

Día 5 (20 de diciembre)

Comienza la parte de carretera, esa que tantas confidencias nos envuelven.
Nos levantamos a primera hora, desayunamos nuestros ya tradicionales pancakes con mermelada en la terracita del hostel al sol, y tras cerrar las maletas nos dirigimos a alquilar el coche que nos va a acompañar durante todo lo que nos queda de viaje.


Lo de alquilar coches en EEUU es una lotería tu reservas algo por un precio y nunca sabes cómo acabas pagando una fortuna por él, pero bueno para que esta el dinero más que para disfrutarlo.


¿Sería un día fácil y sencillo para nosotras? Evidentemente no, cuando quisimos pagar el coche un ente negativo cayó sobre nuestras tarjetas y por arte de magia si cada una de nosotras llevábamos 3, no funcionaba ninguna. Ya nos temíamos lo peor, pero como por arte de magia (de nuevo) el señor se apiadó de nosotras nos regaló el segundo conductor y nuestras tarjetas funcionaron. Si señores, los milagros existen.


La ruta estaba un poco en el aire, una parte de la carretera 1 estaba cortada por obras y era inviable continuarla, ya que tan solo hay un acceso por esa parte. Por otro lado Santa Bárbara estaba ardiendo y nos daba miedo no poder llegar a la ciudad donde teníamos reservado una de las siguientes noches.
Según maps el corte estaba en Gorda, así que decidimos tirar hasta allí y luego dar la vuelta, ya que lo que queríamos era ver la ruta 1 de la costa, sobretodo la parte de los acantilados que era esa. Y al día siguiente retomaríamos desde Morro Bay.


El viaje en coche se nos dio la mar de bien, comiendo zanahorias, galletas y demás guarradas, acompañado de música latina (“música latina Mari” me pedía Fabi), buena gente y mejores vistas.
Las paradas las hacíamos en los puntos en los que había un hueco donde poder dejar el coche (como aquí dicen: “parquearlo”) y alguna playa, rompeolas o cantidad inmensa de pájaros.


Al principio parábamos cada 10 minutos al final cuando ya nos cansábamos simplemente comíamos, oíamos y observábamos. Porque si no el tiempo se nos echaba encima y además el aire azotaba con gran fuerza y fresco.


La primera parada iba a ser en Santa Cruz (un pequeño pueblo donde al final de la playa había un parque de atracciones), pero como no lo vimos interesante decidimos continuar. Así que la primera parada oficial fue de casualidad, Pigeont Point se llamaba y era un faro (me encantan los faros), además estaba muy accesible y la natura que lo rodeaba era preciosa, playa a un lado y al otro calas con arena blanca y paredes de roca roja.


También cruzamos varios puentes increíblemente altos y cuya sostenibilidad era dudosa para nosotras por el lugar y la sujeccion que estos parecían tener, pero si tanta gente hace la ruta lo normal es que sean seguros. (Bixby Creek Bridge).


Mientras continuábamos hacia Gorda nos hacíamos fotos, nos peleábamos por poner música, pero grande fue el descubrimiento del Carnavalintro (tengo un amarillo que, se me reparece a vos…), comíamos zanahorias (nuestro mejor y favorito snack).


Mientras todo esto pasaba dentro del coche, fuera nos adentrábamos en bosques y carreteras zigzagueantes que nos sacaban al filo del acantilado, donde parábamos para posturear y algunas veces pues mear.


Cuando empezó a oscurecer cuando quedaba poco para llegar a Gorda, nos dimos la vuelta para poder llegar a una hora moderada al airbnb que teníamos en Monterrey y si podíamos visitar un poco la zona.


Pero a lo que llegamos vimos que la ciudad no tenía nada que ver y la playa no era mejor de lo que habíamos visto antes, así que directamente fuimos al airbnb, sin duda la casa en la que mejor me lo he pasado hasta ahora.


Estaba llena de cachivaches y escondrijos en los que meter las manos y descubrir cosas. Ni que decir de la cinta de correr o corredora (peruan world) que solo funcionaba a fuerza, cuelgo video.


Además mi gran descubrimiento fue una pistola de bolas de goma con la que atormentaba a Fabi y Andrea mientras que intentaban descansar, ya que no era capaz de en tres tiros acertar a un rollo de papel, ellas eran blanco más fácil (Fabi consiguió tirarlo). También encontramos una Nintendo 64 con cartuchos de Mario, pero no estaba Mario Karts (anda que no pasábamos horas en la peña jugando a reventar los globos del otro). Tras una noche movidita con un botellón de vino en el cuerpo decidimos descansar que al día siguiente volvía  a tocar conducir.



Día 6 (21 de diciembre)


Como toda la ruta no se podía recorrer, decidimos retomarla en Morro Bay, un punto con una conexión más accesible y en la que no perdíamos tanto tiempo. Así que nada pronto por la mañana (tras descongelar el coche), desayunamos y rumbo al sur de la costa.


Tras aproximadamente dos horas conduciendo llegamos a Morro Bay con un hambre de muerte. Tras ver dos focas pelearse en el puerto, fuimos con el coche al pedrusco que hay en medio de la bahía y que la divide.


Intentamos comer fuera del coche viendo a la gente que hacía (valientemente) surf, pero las gaviotas y las ardillas nos atacaban, así que terminamos de comer dentro del coche (pero admirando tan maravillosas vistas).


Al terminar de comer uno de los chicos que hacían surf se puso delante nuestro a quitarse el neopreno (al lado nuestro, había otro coche con una mujer dentro), a lo que nuestra vecina nos dice “Oh he is so sweet” nosotras no entendíamos que pasaba pero se ve que a la mujer le gustaba mucho el muchacho, y verdad tenía que el chico mejoraba si más se podía las vistas.


Arriesgadas nosotras antes de llegar a Los Ángeles donde íbamos a hacer noche, quisimos parar en Santa Bárbara a pesar de que el incendio había hecho desalojar ciertas zonas.


De camino, pasamos por varias zonas donde sacaban petróleo, la verdad que me esperaba máquinas más grandes que esas. También encontramos varias granjas donde vendían 7 kiwis por un dólar (Fabi se nos volvió loca, que casi tenemos que parar a por ellos) y 3 aguacates por un dólar también (entonces Andrea también se planteó el parar).


Siguiendo en ruta llegamos a Santa Bárbara, una provincia enorme incendiada ya que abarca un montón de bosque, pero en la ciudad el fuego ni había llegado. Dimos vueltas con el coche por el centro y llegamos al Muelle.


A mi parecer era un pueblo muy bonito con casas coloniales españolas muy bien conservadas y coloridas, las calles llenas de palmeras y el océano en el fondo nos recordaban a películas como “Tu a Londres y yo a California”. El muelle nos dejó ver un inicio de la puesta de sol increíble, que continuamos recorriendo la Road 1 o también conocida como .De noche cruzamos Malibu (cantando la canción de Miley Cirus) y llegamos al hostel sanas y salvas.


Pronto nos daríamos cuenta que nuestro hostel nos iba a dar de las mejores sorpresas del viaje.
Al llegar a los Ángeles nos enteramos que nuestro amigo Luis estaba allí por problemas en su viaje, así que quedamos para ir a tomar unas cervezas a uno de los lugares más chulos que Los Ángeles tiene (y es que cosas así majas, los Ángeles tiene bien poco), a un roftoop con piscina caliente desde donde podías ver la noche de la ciudad (Upstairs Bar at the ACE Hotel).


PD: Los españoles en general poco escondemos nuestras necesidades de ir al baño, es decir si hay que ir a cagar pues se dice y ya está (y más cuando hay confianza) y si se desconoce el porqué del color se puede comentar. No solo eso sino que también se puede hablar de sexo. Culturalmente esto es un choque con Fabi, o cual a Andrea y a mí nos hacía gracia y a la pobre la torturábamos un poquito con ello.

domingo, 21 de enero de 2018

Christmas Trip (Parte 1)

Día 1 (17 de diciembre)
Nuestro vuelo sale a las 6 de la tarde, por lo que los nervios ya están a flor de piel desde el momento en el que nos levantamos, aunque vivimos a 5 minutos de distancia Andrea y yo no paramos de llamarnos para ver que nos estamos dejando. Revisar maletas, revisar papeles, pasaporte, pesos, tamaños que me dejo, llamada a Andrea… vamos lo que conlleva un viaje por la tarde (nada recomendados).

Ya ponemos rumbo al aeropuerto, encontramos la puerta y… mierda, mierda, mierda (Fabi, en España hablar de cacas es normal), con tanto preparativo me he dejado un papel en casa, menos mal que vamos con tiempo y que el uber aquí es casi “gratis” (nótese mi ironía). Así que volvemos a casa, corriendo escaleras para arriba lo cojo y vuelta al aeropuerto. Algo me decía que nuestro viaje no empezaba con buen pie, pero todo estaba por ver (ante todo mentalidad positiva y risas ante la situación riesgo)  nos quedaban por delante muchas horas.


Tras un vuelo rápido y tranquilo, ¡llegamos a San Francisco! Destino idílico al que sin duda me encantaría volver a terminar de conocer.

Llegamos de madrugada, pero aun teníamos fuerza para celebrar mi cumpleaños, así que fuimos a tomarnos algo al bar que había en la esquina. Estaba ambientado en los años 20 y hasta los camareros iban con ese estilo (ahora reconvertido a hipsters) de tirantes negros sobre camisa blanca, pajarita y bigote. Pero nuestra mala suerte ahora era que a la 1:30 de la mañana ya no dejaban entrar a ningún sitio más porque todo cerraba. Pero bueno, compramos unas cervezas y fuimos al hostel a ver qué ponían en la tele mientras charlábamos y tomábamos (es realmente buena la teletienda americana).


Día 2 (18 de diciembre)

A la mañana siguiente, nos levantamos con ganas de conocer los lugares más recónditos de San Francisco, así que comenzamos por un mercado de pulgas en la zona industrial. Allí duramos veinte minutos, por lo que fuimos a Mission: un barrio mexicano lleno de vida y color; los murales que decoraban las calles nos inundaban de felicidad y, cómo no, de postureo también.



Los mejores murales nos los encontramos en callejones escondidos, estrechos y malolientes como  Balmy Alley y Clarion Alley.


Estuvimos toooda la mañana recorriéndolo a pie, metiéndonos entre callejones y sintiendo que estábamos en México y no en Estados Unidos. Allí encontramos una taquería chiquitina y estrecha, llena de gente, donde nos pusimos moradas a burritos, tacos y demás comida.





Con el buche lleno seguimos caminando a ver el edificio de la mujer, y atravesando otro barrio del cual no recuerdo el nombre, llegamos hasta las Painted Ladies. Un conjunto de 6 casas iguales en medio de una de las supercuestas de San Francisco, que, bueno, dentro del barrio en el que estaban eran las menos llamativas. Pero bueno, es como ir a Zaragoza y no ver la iglesia de San Juan de los Panetes.

De vuelta al hostel, cansadas de caminar todo el día, escuchamos un concierto de Jazz y aparecimos en el Ayuntamiento. Quisimos entrar a verlo, ya que es uno de los edificios más importantes y antiguos de San Francisco, pero en ese momento era una capilla ardiente, así que no se podía visitar, ya que el alcalde se hallaba en cuerpo presente en su interior. Mala suerte la nuestra.


La anécdota fue que yo, medio lerda, entendí que el alcalde estaba dentro, pero no muerto, así que grande fue la sorpresa que me di ante tantas cámaras en la puerta principal de esta.


La noche también fue movidita, compartíamos (las dos primeras noches) habitación con dos estudiantes de intercambio de Alemania, los cuales la noche anterior habían usurpado nuestros espacios porque ilusos de ellos, pensaban que estaban solos en el cuarto y tenían todo tirado cuales guarros.

El caso es que yo me levante a mitad de la noche a mear, a lo que uno de ellos salió corriendo detrás de mí y sin decir nada se fue del cuarto. Ni Andrea ni yo entendíamos nada, así que mee y me volví a ir a dormir. Seguramente estuviese chicagandose y no aguantaba más.


Día 3 (19 de diciembre)

Llegamos a nuestro tercer día de aventura: el plan fue distinto al planeado, pero aun así estuvo entretenido.

El día comenzó con tensión, ya que la reserva del hostel la hice para el día siguiente, es decir para el mismo día que Fabi también la había hecho, osea se, que no sabíamos si esa noche íbamos a dormir en el hostel. Pero la noche del 20 la teníamos doblemente cubierta.


Todo empezó cuando me di cuenta de que la había liado, fui al recepcionista y me dijo que no habría problema al cambiarla, que lo único que estaríamos en habitaciones distintas, pero que igualmente para la noche del 20 dormiríamos las tres en la misma habitación (lo cual suponía que una de las dos se cambiaba una noche y la otra todas las noches, esto incluye quita y pon sabanas). Pero este recepcionista tenía prisa así que nos dijo que en 5 min llegaba el otro.

Tras esperar, el otro muchacho nos dijo que no se podía hacer, que teníamos que reservar de nuevo perdiendo todo lo otro… Ya nos vio la cara de somos pobres y nos dijo consulto a mi jefe y os digo cosas.

La culpa de todo esto la tenía la recepcionista chica que si nos hubiese contestado a las llamadas y los mails tendríamos las 4 noches desde antes de llegar reservadas, pero bueno aventurillas.
Tras desayunar panqueques en la terraza al solecito con el café, nos arreglamos y anduvimos hasta llegar al pier (embarcadero),  atravesando el barrio empresarial y encontrando el único decathlon que hay en EEUU (me hizo mucha ilusión, pero era muy distinto a los de España así que nos fuimos pronto).

Estuvimos paseando hasta llegar al Pier 39, que venía siendo un centro comercial ambientado en el oeste y con leones marinos como atracción turística (de camino nos encontramos con un Decathlon, no sabeis cuanto o añoro y mi emoción fue tal que se mereció una foto, el único y primer Decathlon de américa y yo he estado en el!!!!)


Estando allí recibimos un correo en el que nos decían que finalmente sin ningún coste nos hacían el cambio de la reserva a esa noche, así que salvadas.


Nos habían recomendado ir a Fishermans Wharf, y la verdad que ni Andrea ni yo entendimos por qué. Todo demasiado turístico y explotado para mí gusto, con las bonitas vistas que hay hacia Alcatraz y a la Península del tiburón, destrozado por típicos chiringuitos de playa y fritura de pescado. Lo mejor que allí encontramos fue una panadería donde hacían unas deliciosas tortas fritas (ninguna mejor que la de mi yaya Carmen por supuesto).


Entre el frio del Pier y lo poco que nos gustó, quisimos entrar en calor llegando hasta Lombard Street, la calle más empinada de San Francisco. Que como no, para llegar hasta ella hay que subir una de las miles de colinas de la ciudad. Pero solo por las vistas merecía la pena.


Al llegar allí bueno, que decir, vimos un espectáculo de chinos bajando en coche por la famosa calle con los cuerpos para fuera grabando (¿Qué mejor que ver las cosas a través de móvil y no con tus ojos?).


De allí nos entró hambre, así que Dim Sum para comer en el barrio chino. Costó encontrar un lugar, pero al final comimos como marquesas y pudimos cargarnos de energía para seguir visitando el barrio Chino, (es uno de los más famosos y antiguos y auténticos de EEUU (porque aquí si no comparan todo no son felices)).



Empezaba a oscurecer y no nos recomendaban andar por allí de noche, así que continuamos conociendo San Francisco a pie, y fuimos por ello a Little Italy (el barrio italiano) y allí tomamos un helado (decía ser artesano).


Mientras merendábamos en el parque, vimos la imponente torre Coit en lo alto de la ciudad, y allá que fuimos. La cuesta para llegar no tenía nada que envidiar a Lombard Street. Desde lo alto (no de la torre, que para subir había que pagar), había un pequeño mirador hacia el Golden Gate Bridge. Tomamos las fotos pertinentes, disfrutamos de la puesta de sol y volvimos al barrio italiano a probar las famosas mimosas (champán con zumo), las cuales nos parecieron una mala combinación.


Vuelta al hostel y vuelta al problema, nos habían dado habitaciones separadas y a lo que llegué yo a mi cama, había un chico durmiendo en ella. Bajé a recepción y bueno que no sabemos que pasó porque ya después de marearlos nosotros a ellos, empezaron a marearnos a nosotras, así que en 3 días recorrimos todas las plantas del hostel.


Al final, Andrea y yo dormíamos juntitas (que al principio no y mira que lo pedimos), y en nuestra habitación conocimos a una sevillana que nos habló del negocio del futuro, la corta de cogollos. Ella estaba en California por eso y se iba a España con muuucha pasta.

Día 4 (20 de diciembre)

Antes de que Fabi aterrizase y se uniese al viaje, teníamos que volver a cambiar de habitación, esta vez la compartíamos con un individuo que vimos todo el día/tarde/noche metido en la cama. Solo sabíamos que era calvo.


A primera hora teníamos reservado el cruise hasta Alcatraz, aquella famosa cárcel abandonada que todo el mundo conoce ya que albergó a algunos de los más famosos gangsters de los años 30. Y sus fuertes corrientes que no dejaban escapar a ningún preso.


Allí construida sobre un islote en medio de la bahía de San Francisco, no solo protagonizó escenas de presidiarios sino también luchas sobre la igualdad y el respeto por los ciudadanos nativos americanos.
Además de aprender y alucinar con las condiciones minúsculas que los presos tenían ahí, disfrutamos de la vista a San Francisco y a los puentes que la cruzan.

Anchura de una celda

A la vuelta íbamos con ganas de hacer ejercicio así que fuimos a ver Lands End, un parque en la rocosa y azotada costa por el viento de la boca del Golden Gate. Allí vimos alguna ruina de un antiguo fuerte militar.


De allí salía un trail de una hora aproximada por a costa por la cual te ibas acercando al Golden Gate. Como teníamos que esperar a Fabi para poder ir al puente a hacernos fotos;  en que nos entró el hambre salimos del trail y fuimos a comer comida China.


Tras la comida y el café echado, nos dirigimos al Palacio de las Finas Artes, un lugar que sin duda te transporta a roma con sus grandes columnas de estilo renacentista; adornado con un laguito artificial que, aunque bonito, olía un poco mal (en general nos sorprendió mucho el mal olor que tenía la ciudad).


Una vez que Fabi llegó, fuimos en uber (el transporte es más lento que ir andando, y ya estábamos cansadas de 3 días andando cuesta arriba cuesta abajo) a ver la puesta de sol en el Golden Gate y a posturear con las fotos (he de decir que me pareció más bonito el puente blanco, “puente de la bahía” que el Golden Gate, pero como es el famoso hay que verlo y cruzarlo, pero ya n tuvimos oportunidad).


Y es que para conocer y hacer todo lo que hay que hacer en San Francisco con tres días no vale.
Y aquí termina nuestra primera parte jugando al “Who is who” con gentes del mundo, cerveza y con una cena deliciosa de ensalada de brócoli made in Trader Joe´s, nuestro supermercado orgánico favorito.