domingo, 18 de marzo de 2018

Nochevieja en Seattle


La nochevieja en España empezaba a las 15:00 de Seattle, es decir que yo estaba terminando de comer (no porque fuese la hora de comer, sino porque me levanté muy tarde y desayuné tarde, por lo que comí en horario español).
En Nochevieja normalmente cenamos la familia de mi madre y la de mi tía abuela materna con todos los tíos y descendientes pertinentes, nos juntamos una veintena más los que luego vienen a felicitar y entre copa y copa comen un poquito de turrón, normalmente de café o piña (la gran pelea de las navidades) o las trufas de mi tío Sergio.
Tenía que tomarme las uvas aunque fuese desde lejos, y es que el año pasado ya no me las pude tomar con mi familia. Así que les llamé y bueno os cuento: normalmente el mando de la televisión en nochevieja está siempre escondido por alguien (casi siempre por mi padre o mi tía que intenta evitar que mi padre lo coja), ya que según quien lo tenga dependerá el canal en el que tomar las uvas.

Este año mi padre no tenía el mando porque estaba intentando pegar el teléfono a la pared para sentirme incluida en las campanadas, por lo que mi tía también estaba relajada y no se dio cuenta de que mi primo David (aprendiz donde los haya) tenía el mando y jugó a cambiar el canal.
Mi sorpresa fue que (yo tenía las campanadas puestas en el ordenador) tras sonar los cuartos y la televisión de mi familia apagarse todos corrieron a otra televisión ya que no se encendía, así que medio comí las uvas solas, hasta que vinieron a por mí (en móvil)  y ya entre lloros y risas nos felicitamos el año nuevo en España.


A mí me seguían quedando bastantes horas hasta despedir el 2017, pero había que preparar el qué hacer.
Pepito (marido de Pepita) y sus amigos tienen un local en Wallingford, donde iban a celebrar el año nuevo y nos dejaban estar allí con ellos compartiendo el rato y música, e incluso la bebida que nosotros quisiésemos.

La nochevieja sin amigos o compañeros de borrachera no es nochevieja, así que en el local de pepita nos juntamos el sector norte de auxiliares españoles y el sector sur, además de varios amigos de la familia de Pepita incluido el grupo de Pepito.
Entre conversación, juego, baile y trago pasaba la noche, eran las 10 y si salíamos algo más tarde nos encontraríamos con todos los bares cerrados, así que adelantamos la hora de las uvas a las 10:30.
A golpe de batería toque junto con Daniela las campanadas provocando algún atraganto debido a mi velocidad entre toque y toque (sorpresa la que me llevé al ver que algo sabia de batería (o eso o iba borracha y me parecía que todo sonaba genial)).

Con las uvas haciendo la digestión llamamos al uber y como pudimos nos montamos. El viajecito fue de lo más entretenido risas, lloros, confesiones y entre una cosa y otra alguna vomitina en la parte de atrás que nos costó $40 de multa.
Como pudimos otra vez llegamos 2 de 4 al bar donde habíamos quedado con el resto (2 de 4) y os preguntareis, y ¿qué pasó con las otras? Pues, como buena nochevieja la borrachera las obligó a retirarse.

Y nada entre risas, lloros y alguna que otra pelea con el dj por no ponerme el barquito del amor terminó mi última noche de año.
Al día siguiente como buena propuesta de año nuevo salí a correr y celebrar que el año empezaba con un bonito y soleado día en Seattle.

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