La nochevieja en España empezaba
a las 15:00 de Seattle, es decir que yo estaba terminando de comer (no porque
fuese la hora de comer, sino porque me levanté muy tarde y desayuné tarde, por
lo que comí en horario español).
En Nochevieja normalmente cenamos
la familia de mi madre y la de mi tía abuela materna con todos los tíos y
descendientes pertinentes, nos juntamos una veintena más los que luego vienen a
felicitar y entre copa y copa comen un poquito de turrón, normalmente de café o
piña (la gran pelea de las navidades) o las trufas de mi tío Sergio.
Tenía que tomarme las uvas aunque
fuese desde lejos, y es que el año pasado ya no me las pude tomar con mi
familia. Así que les llamé y bueno os cuento: normalmente el mando de la
televisión en nochevieja está siempre escondido por alguien (casi siempre por
mi padre o mi tía que intenta evitar que mi padre lo coja), ya que según quien
lo tenga dependerá el canal en el que tomar las uvas.
Este año mi padre no tenía el
mando porque estaba intentando pegar el teléfono a la pared para sentirme
incluida en las campanadas, por lo que mi tía también estaba relajada y no se
dio cuenta de que mi primo David (aprendiz donde los haya) tenía el mando y
jugó a cambiar el canal.
Mi sorpresa fue que (yo tenía las
campanadas puestas en el ordenador) tras sonar los cuartos y la televisión de
mi familia apagarse todos corrieron a otra televisión ya que no se encendía,
así que medio comí las uvas solas, hasta que vinieron a por mí (en móvil) y ya entre lloros y risas nos felicitamos el
año nuevo en España.
A mí me seguían quedando
bastantes horas hasta despedir el 2017, pero había que preparar el qué hacer.
Pepito (marido de Pepita) y sus
amigos tienen un local en Wallingford, donde iban a celebrar el año nuevo y nos
dejaban estar allí con ellos compartiendo el rato y música, e incluso la bebida
que nosotros quisiésemos.
La nochevieja sin amigos o compañeros
de borrachera no es nochevieja, así que en el local de pepita nos juntamos el
sector norte de auxiliares españoles y el sector sur, además de varios amigos
de la familia de Pepita incluido el grupo de Pepito.
Entre conversación, juego, baile
y trago pasaba la noche, eran las 10 y si salíamos algo más tarde nos
encontraríamos con todos los bares cerrados, así que adelantamos la hora de las
uvas a las 10:30.
A golpe de batería toque junto
con Daniela las campanadas provocando algún atraganto debido a mi velocidad
entre toque y toque (sorpresa la que me llevé al ver que algo sabia de batería
(o eso o iba borracha y me parecía que todo sonaba genial)).
Con las uvas haciendo la
digestión llamamos al uber y como pudimos nos montamos. El viajecito fue de lo más
entretenido risas, lloros, confesiones y entre una cosa y otra alguna vomitina
en la parte de atrás que nos costó $40 de multa.
Como pudimos otra vez llegamos 2
de 4 al bar donde habíamos quedado con el resto (2 de 4) y os preguntareis, y
¿qué pasó con las otras? Pues, como buena nochevieja la borrachera las obligó a
retirarse.
Y nada entre risas, lloros y
alguna que otra pelea con el dj por no ponerme el barquito del amor terminó mi
última noche de año.
Al día siguiente como buena
propuesta de año nuevo salí a correr y celebrar que el año empezaba con un
bonito y soleado día en Seattle.





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