Para celebrar el día de los Veteranos, en la escuela nos dan
fiesta. Así que mi teacher Pepita me invitó a pasar el fin de semana en
Portland con su familia.
El viernes a la mañana salíamos todos juntos en hermandad
hacia nuestro destino., el viaje fue amenizado por una entrega exprés del módulo
dos de Amity (me confundí por unas horas solo, pero lo entregue al día
siguiente). Cuando ya lo terminé vimos boxtrols y jugamos a completar la frase
poniendo en los huecos palabras usando el orden alfabético:
·
Me llamo princesa…. Vengo de…. Mi animal
favorito es…. Mi comida favorita es… y al príncipe le voy a regalar….
Una vez llegamos a Portland, dejamos todo organizado y nos
fuimos a cenar y pasear. Allí cené, ojo que no os lo creeréis, un bocadillo de
pavo con mermelada (evidentemente por confusión, que esas mezclinas a mí no me
van).
En el mismo restaurante encontramos el juego del viaje, era
como una petanca sobre la mesa, en todas las partidas la Pepita menor nos daba
serias palizas, pero con Pepita mediana tuvimos casi l partida ganada.
De ahí pronto a la cama que el sábado prometía mucha
diversión en el museo de los niños!
Yo me esperaba un museo de ciencias para niño o de
curiosidades o de historia o de aviones pero un museo para niños pero claro,
era el museo de ellos. ¿Y qué es lo que les interesa? Está claro que jugar. Así
que este museo son todo salas de juegos que cualquier niño quisiese probar,
había una zona de construcción, de escalada, de fontanería, de creatividad,
maquillaje, títeres, circo, y cómo no un súper, en el que Pepito se propuso
intentar ordenar semejante desorden, pero con tanto niño emocionado por jugar
la tarea se le dificultaba.
Tras agotarnos durante la mañana haciendo el payaso, maquillándonos,
y jugando, fuimos a reponer fuerzas a un restaurante judío donde ya no me
acuerdo que comí, pero estaba buenísimo.
Allí teníamos a unos hispanohablantes al lado nuestro, y no
sabíamos de donde eran. Tras un rato haciendo apuestas sobre el origen y la profesión
que estos tenían. Pepita decidió preguntarles.
Entre todas las apuestas que habíamos hecho, no dimos una,
solo que tenían algo que ver con la música. Ellos vivían en Seattle y estaban
en Portland para visitar un bar de baile de bachata, al cual nos invitaron a
ir.
Para hacer bien la digestión, mientras Pepito cambiaba libros en la mega librería de
Portland, nosotras fuimos de compras y a
pasear. Mientras Pepita buscaba lo que quería, Pepita mediana y yo jugábamos a
ponernos zapatos y todas aquellas cosas
llamativas que de normal no encuentras.
Un día agotador que terminamos en la cocina del hostel
bebiendo ilegalmente vino, tapándolo como si fuese un plan nuclear.
No fue esta la única anécdota durante la cena, mientras
comíamos las exquisiteces que Pepito había preparado para todas nosotras,
aparecieron unos chicos holandeses a los
que Pepita mandó encender el fuego de la terraza. Tras ellos apareció otro
muchacho con el que Pepita quería juntarme, resultó ser chileno y nos entendió
lo que hablábamos sobre él.
Como había perdido una apuesta con Pepita le debía una
bebida, así que cogí dos vinos y nos fuimos al fueguito y allí conocimos a los
holandeses o alemanes (un tanto flipadillos) y al chileno y su amigo de
California.
Cuando nos echaron del fuego tomamos algo más Pepita y yo y
luego nos unimos con los muchachos. Fuimos a beber a un brewery, donde una copa
de vino cuesta como una botella. Y después a jugar a la petanca de mesa.
Sobre las 2 llegábamos a dormir, así que el día siguiente
fue más light, o eso creíamos. Al final recorrimos el Washington Park casi
enterito y tras comer nos fuimos a casita, que el día siguiente era día de
escuela!!




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