Tras pasar la noche con
cagalerillas en el váter del motel, para celebrar así la nochebuena. Por San
Diego y por el centro, después pusimos rumbo a Las Vegas.
El camino fue entretenido por historias, cabezadas y buena música (sin duda tenemos el pincho con la mejor música para los viajes). Y menos mal a eso, porque el paisaje a pesar de ser la mítica ruta 66, dejaba mucho que desear, desierto y más desierto (hablamos de Arizona).
El camino fue entretenido por historias, cabezadas y buena música (sin duda tenemos el pincho con la mejor música para los viajes). Y menos mal a eso, porque el paisaje a pesar de ser la mítica ruta 66, dejaba mucho que desear, desierto y más desierto (hablamos de Arizona).
De camino queríamos parar en un
típico café de carretera en el que las camareras te sirven grandes platos de
pancakes con sirope en patines. Y llegamos a uno totalmente peculiar Peggy Sue.
La música sonaba fuera pero no
conseguíamos encontrar la entrada, hasta que caímos “oh claro, es el día de
Navidad” estando de vacaciones se pierde la noción del tiempo y de los lugares
que pueden o no estar abiertos.
Tras nuestro fail, fuimos
directamente a Las Vegas ya que tampoco podíamos demorarnos mucho porque Fabi
nos abandonaba.
Fabi nos había repetido mil veces
que Las Vegas nos iba a enamorar, yo no lo tenía tan claro y me parecía que
allí íbamos a estar más tiempo del necesario, pero bueno ya estaba planificado.
Al llegar dejamos todo en el
Hostel, y fuimos al cartel de Welcome to Las Vegas.
Bueno qué decir de Las Vegas, a
Fabi le encantaría pero para mí es el mayor fail de la historia. Los hoteles
parecen fallas de cartón duro y pintado a laca, por dentro decían “oh, es como
estar en Venecia” o “oh, es como estar en París”, se notaba que habían viajado
poco.
Lo bueno de los hoteles es que
eran muy distintos y si os gusta el cine, siempre te acorabas de una u otra
película allí rodada.
A Fabi le quedaron dos hoteles
por ver la ultima vez que estuvo, así que fueron los que vimos ese día. El
Bellagio y el Venecian.
Tras la cena Fabi se marchó y
Andrea y yo nos fuimos para el Hostel ya que al día siguiente tocaba madrugón.
Día 11 (26 de diciembre)
Madrugón al canto pero estábamos
seguras que merecería la pena. Mapas descargados, comida preparada, cámara
cargada para atrapar las mejores capturas y energías a tope!!.
Tras casi 4 horas de coche sin
cobertura (no resulto ser solo cobertura, sino que cuando llegue contrate la
tarjeta de prepago de la compañía más inútil de los EEUU), comparando el precio
de las gasolinas (las gasolineras Love's, por lo general son las más baratas),
llegamos al South Rim del Gran Cañón del Colorado.
Para los curiosos no es Colorado
por el estado ya que esta en Arizona, sino porque el río que creo tan
impresionante lugar se llama Colorado, también influye su influencia de roca
caliza roja aunque encontramos sedimentos de todos los colores!! (Recuerdo:
Cerro de los siete colores, Purmamarca).
Allí tras pagar por entrar (no
recuerdo ya la cantidad), nos "regalaron" unos mapitas de lo que
teníamos que ver y hacer.
En el primer punto ya comimos. No
nos quedaban snacks para el coche y a lo que llegamos nuestras tripas rugían
que daba gusto. ¿De comer? Podéis imaginároslo, pasta con huevo duro y sobras
del chino de la noche anterior.
South Rim tiene aproximadamente unos 20 view points (son puntos con parking
donde puedes parar con el coche para observar el maravilloso paisaje). Estamos
acostumbrados a ver el Gran Cañón en películas pero no somos realmente
conscientes de la grandiosidad del paisaje y la impresión de estar en semejante
lugar.
No sabría muy bien como describir que se siente al verlo o como es, solo me
sale decir guao, o uf o increíble.
La puesta de sol la vimos en Watchtower, una torre vigía que parece
construida por los poblados que antiguamente convivían a las orillas del río
dentro del gran barranco del colorado, pero resulta ser una torre bastante
moderna, construida para llamar la atención del turista.
Allí había unas rocas bastante jugositas, y mi cuerpo no pudo resistirse a
no indagar y trepar un poco, y es que aunque cada vez vaya menos a la montaña,
una parte de mi sabe que en mi otra vida debí de ser cabra.
Antes de terminar de ponerse el sol nos dimos la vuelta y volvimos al
hostel, ya que tampoco queríamos conducir en la densa oscuridad del desierto de
Arizona. Paramos a cenar, repostar y al llegar al hostel nuestros cuerpos solo
pedían cama.
Día 12 (27 de diciembre)
No teníamos que madrugar, así que
nos levantamos tranquilamente, desayunamos unos buenos pancakes con su
mermelada y su cafecito para acompañar, y cuando estuvimos listas fuimos hasta
El Strip (la famosa calle de los hoteles) a recorrer los hoteles que nos
quedaban por ver.
Hotel Nueva York, Hotel París,
Hotel de la pirámide y la esfinge, Mandalay Bay (desde una de las habitaciones
en noviembre un tarado se puso a disparar a un concierto), como no el Flamingo…
y todos sus casinos en los que teníamos que apostar al 5 rojo (en honor a mi
amigo Jose, un saludo Jose).
Caminamos y caminamos, porque
todo es de unas dimensiones increíblemente grandes. A la tarde decidimos que lo
mejor que podíamos hacer era ir a descansar y arreglarnos para darlo todo por
la noche.
Pero no fue así, fuimos al Stratosphere
Tower, un edificio en cuyo tejado tiene tres atracciones vertiginosas en las
que sientes que tu vida acaba en ese mismo instante. Allí para hacer más amena
la cola nos hicimos amigas de unos mexicanos que a la noche igual se nos unían.
Habíamos contactado con una RRPP
que nos había metido en una discoteca por la entrada VIP y con 3 copas gratis
por cabeza.
La noche de las Vegas, se queda
en las Vegas y quien tenga mucha curiosidad que me invite a una cerveza que
dudo que se me pueda olvidar.
(28 de diciembre)
Al día siguiente no madrugamos,
nos levantamos con la calma, desayunamos y decidimos bañarnos en el jacuzzi
hasta que nuestra piel se nos cayese a pedazos.
Aquí nos acompañó nuestro amigo
Daniel de Valencia, y es que lo bueno de los hostels es que conoces a muchos
viajeros intrépidos como tú que lo que buscan es conocer y pasárselo bien.
Mientras nuestras pieles se
reblandecían, decidíamos que lo mejor que podíamos hacer era ir a Fremont
Street a ver la calle de luces de Las Vegas, pero para ser la calle de las
luces, bastantes estaban fundidas, los típicos imitadores de Elvis Presley por
ahí andaban danzando.
La verdad que lo bueno de Las
Vegas es que hay mucha música por allá por donde camines, pero por lo demás a mí
no me engañan. Demasiada americanada.
Bueno algo que está genial es que apostando un dolar en un casino te pagan la bebida que tu quieras, y ya si tienes la suerte de Daniel, te tocan casi 100 dolares o más, ya no me acuerdo.
Bueno algo que está genial es que apostando un dolar en un casino te pagan la bebida que tu quieras, y ya si tienes la suerte de Daniel, te tocan casi 100 dolares o más, ya no me acuerdo.
A la noche antes de cenar no
podíamos perdernos el espectáculo de agua de la fuente del Bellagio y tras
cenar a la camita pronto que nuestro vuelo salía temprano.












No hay comentarios:
Publicar un comentario