jueves, 22 de marzo de 2018

Christmas Trip (Part 4 Vegas y Gran Cañón)

Día 10 (25 de diciembre)
Tras pasar la noche con cagalerillas en el váter del motel, para celebrar así la nochebuena. Por San Diego y por el centro, después pusimos rumbo a Las Vegas.
El camino fue entretenido por historias, cabezadas y buena música (sin duda tenemos el pincho con la mejor música para los viajes). Y menos mal a eso, porque el paisaje a pesar de ser la mítica ruta 66, dejaba mucho que desear, desierto y más desierto (hablamos de Arizona).


De camino queríamos parar en un típico café de carretera en el que las camareras te sirven grandes platos de pancakes con sirope en patines. Y llegamos a uno totalmente peculiar Peggy Sue.


La música sonaba fuera pero no conseguíamos encontrar la entrada, hasta que caímos “oh claro, es el día de Navidad” estando de vacaciones se pierde la noción del tiempo y de los lugares que pueden o no estar abiertos.


Tras nuestro fail, fuimos directamente a Las Vegas ya que tampoco podíamos demorarnos mucho porque Fabi nos abandonaba.
Fabi nos había repetido mil veces que Las Vegas nos iba a enamorar, yo no lo tenía tan claro y me parecía que allí íbamos a estar más tiempo del necesario, pero bueno ya estaba planificado.


Al llegar dejamos todo en el Hostel, y fuimos al cartel de Welcome to Las Vegas.
Bueno qué decir de Las Vegas, a Fabi le encantaría pero para mí es el mayor fail de la historia. Los hoteles parecen fallas de cartón duro y pintado a laca, por dentro decían “oh, es como estar en Venecia” o “oh, es como estar en París”, se notaba que habían viajado poco.


Lo bueno de los hoteles es que eran muy distintos y si os gusta el cine, siempre te acorabas de una u otra película allí rodada.
A Fabi le quedaron dos hoteles por ver la ultima vez que estuvo, así que fueron los que vimos ese día. El Bellagio y el Venecian.


Tras la cena Fabi se marchó y Andrea y yo nos fuimos para el Hostel ya que al día siguiente tocaba madrugón.

Día 11 (26 de diciembre)

Madrugón al canto pero estábamos seguras que merecería la pena. Mapas descargados, comida preparada, cámara cargada para atrapar las mejores capturas y energías a tope!!. 


Tras casi 4 horas de coche sin cobertura (no resulto ser solo cobertura, sino que cuando llegue contrate la tarjeta de prepago de la compañía más inútil de los EEUU), comparando el precio de las gasolinas (las gasolineras Love's, por lo general son las más baratas), llegamos al South Rim del Gran Cañón del Colorado.


Para los curiosos no es Colorado por el estado ya que esta en Arizona, sino porque el río que creo tan impresionante lugar se llama Colorado, también influye su influencia de roca caliza roja aunque encontramos sedimentos de todos los colores!! (Recuerdo: Cerro de los siete colores, Purmamarca).
Allí tras pagar por entrar (no recuerdo ya la cantidad), nos "regalaron" unos mapitas de lo que teníamos que ver y hacer.


En el primer punto ya comimos. No nos quedaban snacks para el coche y a lo que llegamos nuestras tripas rugían que daba gusto. ¿De comer? Podéis imaginároslo, pasta con huevo duro y sobras del  chino de la noche anterior.



South Rim tiene aproximadamente unos 20 view points (son puntos con parking donde puedes parar con el coche para observar el maravilloso paisaje). Estamos acostumbrados a ver el Gran Cañón en películas pero no somos realmente conscientes de la grandiosidad del paisaje y la impresión de estar en semejante lugar.

No sabría muy bien como describir que se siente al verlo o como es, solo me sale decir guao, o uf o increíble.



La puesta de sol la vimos en Watchtower, una torre vigía que parece construida por los poblados que antiguamente convivían a las orillas del río dentro del gran barranco del colorado, pero resulta ser una torre bastante moderna, construida para llamar la atención del turista.



Allí había unas rocas bastante jugositas, y mi cuerpo no pudo resistirse a no indagar y trepar un poco, y es que aunque cada vez vaya menos a la montaña, una parte de mi sabe que en mi otra vida debí de ser cabra.

Antes de terminar de ponerse el sol nos dimos la vuelta y volvimos al hostel, ya que tampoco queríamos conducir en la densa oscuridad del desierto de Arizona. Paramos a cenar, repostar y al llegar al hostel nuestros cuerpos solo pedían cama.

Día 12 (27 de diciembre)

No teníamos que madrugar, así que nos levantamos tranquilamente, desayunamos unos buenos pancakes con su mermelada y su cafecito para acompañar, y cuando estuvimos listas fuimos hasta El Strip (la famosa calle de los hoteles) a recorrer los hoteles que nos quedaban por ver.


Hotel Nueva York, Hotel París, Hotel de la pirámide y la esfinge, Mandalay Bay (desde una de las habitaciones en noviembre un tarado se puso a disparar a un concierto), como no el Flamingo… y todos sus casinos en los que teníamos que apostar al 5 rojo (en honor a mi amigo Jose, un saludo Jose).


Caminamos y caminamos, porque todo es de unas dimensiones increíblemente grandes. A la tarde decidimos que lo mejor que podíamos hacer era ir a descansar y arreglarnos para darlo todo por la noche.


Pero no fue así, fuimos al Stratosphere Tower, un edificio en cuyo tejado tiene tres atracciones vertiginosas en las que sientes que tu vida acaba en ese mismo instante. Allí para hacer más amena la cola nos hicimos amigas de unos mexicanos que a la noche igual se nos unían.
Habíamos contactado con una RRPP que nos había metido en una discoteca por la entrada VIP y con 3 copas gratis por cabeza.


La noche de las Vegas, se queda en las Vegas y quien tenga mucha curiosidad que me invite a una cerveza que dudo que se me pueda olvidar.

(28 de diciembre)

Al día siguiente no madrugamos, nos levantamos con la calma, desayunamos y decidimos bañarnos en el jacuzzi hasta que nuestra piel se nos cayese a pedazos.


Aquí nos acompañó nuestro amigo Daniel de Valencia, y es que lo bueno de los hostels es que conoces a muchos viajeros intrépidos como tú que lo que buscan es conocer y pasárselo bien.


Mientras nuestras pieles se reblandecían, decidíamos que lo mejor que podíamos hacer era ir a Fremont Street a ver la calle de luces de Las Vegas, pero para ser la calle de las luces, bastantes estaban fundidas, los típicos imitadores de Elvis Presley por ahí andaban danzando.


La verdad que lo bueno de Las Vegas es que hay mucha música por allá por donde camines, pero por lo demás a mí no me engañan. Demasiada americanada.


Bueno algo que está genial es que apostando un dolar en un casino te pagan la bebida que tu quieras, y ya si tienes la suerte de Daniel, te tocan casi 100 dolares o más, ya no me acuerdo.


A la noche antes de cenar no podíamos perdernos el espectáculo de agua de la fuente del Bellagio y tras cenar a la camita pronto que nuestro vuelo salía temprano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario