Miércoles 31 de enero y por algún
motivo que desconozco tenemos fiesta en la escuela.
Pepita mi profesora, no va a utilizar
el coche por lo que nos lo deja a Andrea y
mí para poder hacer alguna excursión, viaje o lo que queramos siempre y
cuando el jueves lo tenga ella.
Pepita mayor quiere que nos
quedemos a desayunar así que antes de ir a su casa compramos los donuts recién hechos
de nuestra bakería preferida y nos disponemos a ir para su casa. En el camino decidimos
que lo mejor es ir a Olympia (capital de nuestro estado, que es Washington, y
no, no es donde la Casa Blanca).
Con las tripas llenas y los ojos
bien despiertos por el café y el azúcar nos subimos al coche y nos vamos a
Olympia, tenemos el honor de que nuestra querida Pepita mayor nos acompañe en
esta aventura.
El viaje transcurre escuchando música
infantil en distintos idiomas, español, catalán y por supuesto inglés (me
fascinó la canción de las abejas, en que la tenga la cuelgo).
Lo primero que vimos fue el
Priest Point Park, un parque enorme lleno de árboles perennes y gigantes a su
vez, en el que te adentrabas a un mundo mágico. Conforme lo recorríamos chillábamos
y brincábamos cuales locas de la colina.
El parque termina en una playa,
que cuando fuimos estaba fangosa, y nuestra pobre Pepita mayor quedó atrapada
por las feroces fuerzas de esas arenas movedizas.
Nuestras tripas rugían así que por
qué no tomar algún snack, ver el Capitolio y antes de volver buscar un sitio
para comer.
El Capitolio era increíblemente precioso,
tenía unas vistas de la bahía increíbles (estropeadas un poquito por el mal
tiempo, pero mejor eso que quedarse e casa un día libre), y por dentro lucía a
grandioso lugar. En el centro la cara de George Washington puesta en una moneda
gigante de oro.
Tras pasear llegó nuestra
dificultad, teníamos hambre y resultaba que no había nada normal para comer,
así que por no entrar a un subway entramos a otro de enfrente que era peor, más
caro y encima nos explicaban lo que querían.
Total que la comida más cara y más
mala de todas pero bueno, que se le va a hacer, estábamos en la capi.
Prontito y con sol vuelta a casa,
Pepita se quedó dormida y Andrea y yo nos pusimos a cotillear.
Como escriben mis niños de
segundo grado EL FIN.



No hay comentarios:
Publicar un comentario