jueves, 22 de marzo de 2018

Christmas Trip (Part 4 Vegas y Gran Cañón)

Día 10 (25 de diciembre)
Tras pasar la noche con cagalerillas en el váter del motel, para celebrar así la nochebuena. Por San Diego y por el centro, después pusimos rumbo a Las Vegas.
El camino fue entretenido por historias, cabezadas y buena música (sin duda tenemos el pincho con la mejor música para los viajes). Y menos mal a eso, porque el paisaje a pesar de ser la mítica ruta 66, dejaba mucho que desear, desierto y más desierto (hablamos de Arizona).


De camino queríamos parar en un típico café de carretera en el que las camareras te sirven grandes platos de pancakes con sirope en patines. Y llegamos a uno totalmente peculiar Peggy Sue.


La música sonaba fuera pero no conseguíamos encontrar la entrada, hasta que caímos “oh claro, es el día de Navidad” estando de vacaciones se pierde la noción del tiempo y de los lugares que pueden o no estar abiertos.


Tras nuestro fail, fuimos directamente a Las Vegas ya que tampoco podíamos demorarnos mucho porque Fabi nos abandonaba.
Fabi nos había repetido mil veces que Las Vegas nos iba a enamorar, yo no lo tenía tan claro y me parecía que allí íbamos a estar más tiempo del necesario, pero bueno ya estaba planificado.


Al llegar dejamos todo en el Hostel, y fuimos al cartel de Welcome to Las Vegas.
Bueno qué decir de Las Vegas, a Fabi le encantaría pero para mí es el mayor fail de la historia. Los hoteles parecen fallas de cartón duro y pintado a laca, por dentro decían “oh, es como estar en Venecia” o “oh, es como estar en París”, se notaba que habían viajado poco.


Lo bueno de los hoteles es que eran muy distintos y si os gusta el cine, siempre te acorabas de una u otra película allí rodada.
A Fabi le quedaron dos hoteles por ver la ultima vez que estuvo, así que fueron los que vimos ese día. El Bellagio y el Venecian.


Tras la cena Fabi se marchó y Andrea y yo nos fuimos para el Hostel ya que al día siguiente tocaba madrugón.

Día 11 (26 de diciembre)

Madrugón al canto pero estábamos seguras que merecería la pena. Mapas descargados, comida preparada, cámara cargada para atrapar las mejores capturas y energías a tope!!. 


Tras casi 4 horas de coche sin cobertura (no resulto ser solo cobertura, sino que cuando llegue contrate la tarjeta de prepago de la compañía más inútil de los EEUU), comparando el precio de las gasolinas (las gasolineras Love's, por lo general son las más baratas), llegamos al South Rim del Gran Cañón del Colorado.


Para los curiosos no es Colorado por el estado ya que esta en Arizona, sino porque el río que creo tan impresionante lugar se llama Colorado, también influye su influencia de roca caliza roja aunque encontramos sedimentos de todos los colores!! (Recuerdo: Cerro de los siete colores, Purmamarca).
Allí tras pagar por entrar (no recuerdo ya la cantidad), nos "regalaron" unos mapitas de lo que teníamos que ver y hacer.


En el primer punto ya comimos. No nos quedaban snacks para el coche y a lo que llegamos nuestras tripas rugían que daba gusto. ¿De comer? Podéis imaginároslo, pasta con huevo duro y sobras del  chino de la noche anterior.



South Rim tiene aproximadamente unos 20 view points (son puntos con parking donde puedes parar con el coche para observar el maravilloso paisaje). Estamos acostumbrados a ver el Gran Cañón en películas pero no somos realmente conscientes de la grandiosidad del paisaje y la impresión de estar en semejante lugar.

No sabría muy bien como describir que se siente al verlo o como es, solo me sale decir guao, o uf o increíble.



La puesta de sol la vimos en Watchtower, una torre vigía que parece construida por los poblados que antiguamente convivían a las orillas del río dentro del gran barranco del colorado, pero resulta ser una torre bastante moderna, construida para llamar la atención del turista.



Allí había unas rocas bastante jugositas, y mi cuerpo no pudo resistirse a no indagar y trepar un poco, y es que aunque cada vez vaya menos a la montaña, una parte de mi sabe que en mi otra vida debí de ser cabra.

Antes de terminar de ponerse el sol nos dimos la vuelta y volvimos al hostel, ya que tampoco queríamos conducir en la densa oscuridad del desierto de Arizona. Paramos a cenar, repostar y al llegar al hostel nuestros cuerpos solo pedían cama.

Día 12 (27 de diciembre)

No teníamos que madrugar, así que nos levantamos tranquilamente, desayunamos unos buenos pancakes con su mermelada y su cafecito para acompañar, y cuando estuvimos listas fuimos hasta El Strip (la famosa calle de los hoteles) a recorrer los hoteles que nos quedaban por ver.


Hotel Nueva York, Hotel París, Hotel de la pirámide y la esfinge, Mandalay Bay (desde una de las habitaciones en noviembre un tarado se puso a disparar a un concierto), como no el Flamingo… y todos sus casinos en los que teníamos que apostar al 5 rojo (en honor a mi amigo Jose, un saludo Jose).


Caminamos y caminamos, porque todo es de unas dimensiones increíblemente grandes. A la tarde decidimos que lo mejor que podíamos hacer era ir a descansar y arreglarnos para darlo todo por la noche.


Pero no fue así, fuimos al Stratosphere Tower, un edificio en cuyo tejado tiene tres atracciones vertiginosas en las que sientes que tu vida acaba en ese mismo instante. Allí para hacer más amena la cola nos hicimos amigas de unos mexicanos que a la noche igual se nos unían.
Habíamos contactado con una RRPP que nos había metido en una discoteca por la entrada VIP y con 3 copas gratis por cabeza.


La noche de las Vegas, se queda en las Vegas y quien tenga mucha curiosidad que me invite a una cerveza que dudo que se me pueda olvidar.

(28 de diciembre)

Al día siguiente no madrugamos, nos levantamos con la calma, desayunamos y decidimos bañarnos en el jacuzzi hasta que nuestra piel se nos cayese a pedazos.


Aquí nos acompañó nuestro amigo Daniel de Valencia, y es que lo bueno de los hostels es que conoces a muchos viajeros intrépidos como tú que lo que buscan es conocer y pasárselo bien.


Mientras nuestras pieles se reblandecían, decidíamos que lo mejor que podíamos hacer era ir a Fremont Street a ver la calle de luces de Las Vegas, pero para ser la calle de las luces, bastantes estaban fundidas, los típicos imitadores de Elvis Presley por ahí andaban danzando.


La verdad que lo bueno de Las Vegas es que hay mucha música por allá por donde camines, pero por lo demás a mí no me engañan. Demasiada americanada.


Bueno algo que está genial es que apostando un dolar en un casino te pagan la bebida que tu quieras, y ya si tienes la suerte de Daniel, te tocan casi 100 dolares o más, ya no me acuerdo.


A la noche antes de cenar no podíamos perdernos el espectáculo de agua de la fuente del Bellagio y tras cenar a la camita pronto que nuestro vuelo salía temprano.

Christmas Trip (Part 3 Los Angeles y San Diego)


Día 7 (22 de diciembre)

Ya la noche anterior antes de salir, habíamos conocido a bastante gente en el hostel, entre ellos un vasco, que estaba haciendo la temporada de corta de marihuana, Miquel aventurero solitario dispuesto a conocer gente y transmitir felicidad y Abbas judoka también dispuesto a compartir buenos momentos.


Durante la mañana mientras preparábamos el desayuno conocimos a Miquel, quien quería ir a algún lugar lleno de turistas para ganarse un dinero extra antes de finalizar su viaje. Como nosotras íbamos al Observatorio Griffith y a él le parecía el lugar perfecto para sacarse un dinerillo nos acompañó.
De camino al coche tuvimos una pequeña sorpresa que se queda entre los que allí estábamos (pero quería deciros que algo nos pasó).


No recuerdo por qué motivo el aparcamiento era gratis así que aparcamos lo más cerca que pudimos y nos acercamos a observar LA desde arriba.



La verdad que es una ciudad que nos defraudo bastante, para tanta fama que tiene es de las más feas que hemos visitado hasta ahora, y el skyline que tiene no es ni alucinante, menos mal que esta el Paseo de la Fama y el cartel de Hollywood.



En el observatorio Andrea se hizo amiga de una señora muy peculiar (vean foto), y cuando consiguió esquivarla fuimos a dar la vuelta al observatorio buscando poder ver un telescopio, y con nuestro gozo en un pozo y tras muchas fotos, marchamos a acercarnos al cartel de Hollywood para verlo "de cerca".


El GPS no nos guiaba así que seguimos un poco de nuestra intención, ¿Y dónde llegamos? pues al mismo sitio desde donde partíamos. Ah y se me olvidaba comentar que Miquel decidió acompañarnos durante todo el día.


Como no conseguíamos encontrar el cartel fuimos a ver el paseo de las estrellas a ver a quien o quienes nos encontrábamos por allí. Pero la tarea de buscar aparcamiento no parecía fácil, así que entramos a un mercado donde había aparcamiento y preguntamos. El precio era de $10, y Miquel se ofreció a pagarlo ya que le estábamos llevando gratis. 


Entramos a comer y no sabíamos donde estaba Miquel, total que aparece y detrás del segurata y le devuelve el dinero diciéndonos que no nos preocupásemos que él nos vigilaba el coche gratis. Miquel había estado hablando con él, y es que el chico caía muy bien desprendía tanta felicidad y optimismo hacia la vida que cualquiera le regalaba una sonrisa o una buena acción.


Miquel nos invitó a probar unos postres turcos que desconocía pero que estaban reamente deliciosos (tengo que encontrar el nombre) era un hojaldre de miel y especias que buuf, de pensarlo segrego saliva y mi estómago ruge.


Tras llenar el estómago ya podíamos continuar con nuestro día, y como hacía bueno, si teníamos tiempo tomaríamos una cervecita en una terraza (el sueño de Andrea durante todo el viaje).
Del paseo que decir, me lo pasé todo el rato leyendo en alto los nombres de las estrellas y eran tan raros que a veces no me daba ni cuenta de que a quien leía era alguien a quien conocía o me sonaba de alguna película o así. Andrea y Fabi enredaban a andar más rápido para que no me diese tiempo a leer y Miquel a su vez me corregía, se reía de mi acento y si me olvidaba a alguien me hacía volver atrás.


Al llegar a Donald Trump dimos la vuelta y volvimos a encabezonarnos a ver el cartel de Hollywood de cerca (para entonces ya había encontrado un foro donde poder sacar las mejores fotos “3204 Canyon Lake Drive Hollywood, CA 90068”). Así que cuesta para arriba y cuesta para abajo encontramos el cartel, aparcamos y fuimos a fotografiarnos cuales estrellas de circo.


La noche también prometía, salíamos de fiesta y antes íbamos a beber en el jardín del hostel ya que la dueña nos dejaba estar allí e incluso llevar amigos. Mientras bebíamos nuestro circulo cada vez era más y más grande con la gente del hostel que al oír música y barullo salían a unirse a nosotras, pero pronto la dueña del hostel nos mandó callar. Así que nos fuimos a bailar a un bar de “música latina”.
Estábamos en la guest list pero aun así el aforo estaba completísimo y nos dieron problemas para entrar. Menos mal a que Fabi tenía unos amigos nuevos del hostel que estaban dentro y salieron a buscarnos con motivo de que estábamos celebrando un cumpleaños, pero tenían que venir más amigos de Seattle y no confiábamos que pudiésemos entrar tantos.


Mientras llegaban vimos que el panorama no iba mucho con Andrea y conmigo (Fabi estaba en su salsa), solo sonaba salsa y en el recorrido de la puerta al baño nos tocaron una media de 5 veces el culo a cada una, además que no podíamos respirar de la cantidad de gente que había, por lo que decidimos salir fuera a esperar y buscar un lugar mejor.


Pero no fue esa la suerte que tuvimos, Cristina (Bellevue) encontró un lugar en el que ponían música pop y latina pero comercial. Y así era durante la primera hora, después solo sonaba música de los 80 americana que no conocía ni el tato (estábamos solos en el bar y el dj ni aun así nos quería poner la música que nos gustaba), pero bueno pasamos la noche (Fabi que decidió quedarse pasó la noche de su vida, en el hostel nos contaría).

Día 8 (23 de diciembre)

Nos levantamos por la mañana y habíamos quedado con los otros Amities de Wallingford en Venice Beach. Ese día nos acompañó otro huésped del hotel, Habas (judoca parisino) que por un error en el billete se quedó en el hostel más días de los esperados. Esa mañana no sabíamos dónde estaba Miquel así que salimos sin él.


Al llegar a la playa a mí se me metió entre ceja y ceja (para eso soy maña) que quería una pelota para jugar en la arena y entrar en calor para darme un chapuzón (me deje el bañador en el coche así que al final no hubo chapuzón).


Costó encontrarnos con nuestros compatriotas de seattlelites, pero luego pasamos una buena mañana jugando con mi pelota (que nadie quería, pero luego bien que nos entretuvo), compartiendo que no nos podíamos perder (ellos hacían el viaje al revés que nosotras) y, en bici.


¿En bici? Sí, alquilamos unas bicis para pasar la tarde e ir al muelle de Santa Mónica a ver la puesta de sol.


Con las bicis no tuvimos mejor idea que pasear por “Venice Canals”, un barrio histórico de Los Ángeles, en el que las humildes y modestas casas (nótese mi ironía) estaban rodeadas de canales de aguas y pequeños barcos que en ellas flotaban.


Con las bicis no tuvimos ningún problema, excepto Fabi, aún no sabemos si es que no sabe ir en bici o que realmente la bici no funcionaba, fuera lo que fuese la pobre acabó llena de arañazos, grasa de la cadena y por un momento temimos por su vida al final de una cuesta en la que los frenos dejaron de funcionar (y aun tampoco sabemos cómo) por lo que su único modo de parar fue el derrape.


Tras ver los canales nuestras tripas rugían. La comida de chiringuito de playa, sentados en la arena, la acompañamos con la vista al horizonte (y a un señor que iba caminando siempre al mismo ritmo  entro en el agua como si no hubiese agua y salió de ella caminando como si nada hubiese pasado, y telita al fresquillo del agua y al airecillo que soplaba.  



Todo iba bien hasta que las gaviotas vieron que teníamos comida y empezaron a acercarse sembrando el caos en nuestro grupo por parte de alguna de las chicas con las que estaba.
Cambiazo de ropa y a ver la puesta de sol al muelle de Santa Mónica, los chicos de verano azul seguro que nos envidiaban, todos en fila recorríamos el paseo de la playa hasta llegar a un gimnasio en la arena (típico americano) donde los músculos muchachos entrenaban para poner a punto sus músculos.


El muelle era una gran feria llena de atracciones, y la atracción con más audiencia sin duda era, la puesta de sol. Así que tras un ooooh cuando el sol se metió y aplausos mil de los americanos que parecía que era algo antinatural que jamás habían visto, echamos a correr porque nos quedábamos sin luz y el paseo no estaba iluminado.


A mitad de camino paramos a buscar algunos suvenires, y Fabi como no a comer helados!!
Despedidas y a casa a descansar que al día siguiente tocaba coche.


Día 9 (24 de diciembre)

Ponemos rumbo a San Diego, pero durante el camino hacemos varia paradas, entre ellas en la segunda mejor cosa del viaje que fue La Joya Cave.


La primera parada la hicimos en Black Sand, esta parte de la costa está formada por unas bardenas de tierra en lo alto de una colina blanca, pero con una curiosidad, y es que descendiendo la cantera aparecen pequeñitas calas de arena negra, preciosa. Cada día me asombra más la caprichosa formación de la tierra y por lo tanto del mundo.


Allí la parada fue rápida, ya que nos costó un poco acceder puesto que nos metimos por un camino de tierra que parecía que estuviésemos en alguna atracción del Pier de Santa Mónica.


Segunda parada (y ya fue donde comimos) fue La Joya Cave, un lugar en el que los pelícanos y los leones marinos conviven juntos en un entorno costero y rocoso donde el olor a mar me recordaba al lugar donde crecí.


Mientras comíamos, mi familia estaba comenzando a cenar, todos juntitos hicimos un skype, primos por aquí tíos por allá, la abuela, la madre, la hermana, el padre, todos diciéndome lo bien que se lo pasaban…
Para comer, nuestra comida preferida que es: pasta con huevo duro.



Para hacer la digestión caminamos por el paseo, y de repeente una peste nos invadió, EL PIS DE LOS LEONES MARINOS ES REALMENTE ASQUEROSO, para todo el mundo menos para Fabi que tuvo la valentía de acercarse a ellos para conseguir la mejor foto.


Mientras Andrea y yo andábamos averiguando cuevas en una pequeña cala cercana y mojándonos los pies en esa agua tan helada.


Tras unas cuantas fotos, vuelta al coche, siguiente parada Balboa Park en San Diego. Un parque espectacular donde los haya con una estructura colonial, y mucha influencia española.


Una de las partes del parque, la más bonita para mi gusto, fue el patio de los talleres, una pequeña villa de talleres chiquitines llenos de color, luz y mucho pero mucho arte.


Tambien allí había un lago, un invernadero, anfiteatro, torre… no sabía si estaba en EEUU o una pequeña ciudad de México.


Nos sobraba tiempo y queríamos ver la puesta de son en un sitio especial, así que fuimos hasya  Pacific Beach, allí paseamos un poquito y directamente tiramos a cenar algo especial en el Downtown de San Diego, y coronar un rooftop.


Nuestra elección fue comida Thailandesa, la cual no me dejó pegar ojo durante toda la noche, y el rooftop The Nolen.




domingo, 18 de marzo de 2018

Nochevieja en Seattle


La nochevieja en España empezaba a las 15:00 de Seattle, es decir que yo estaba terminando de comer (no porque fuese la hora de comer, sino porque me levanté muy tarde y desayuné tarde, por lo que comí en horario español).
En Nochevieja normalmente cenamos la familia de mi madre y la de mi tía abuela materna con todos los tíos y descendientes pertinentes, nos juntamos una veintena más los que luego vienen a felicitar y entre copa y copa comen un poquito de turrón, normalmente de café o piña (la gran pelea de las navidades) o las trufas de mi tío Sergio.
Tenía que tomarme las uvas aunque fuese desde lejos, y es que el año pasado ya no me las pude tomar con mi familia. Así que les llamé y bueno os cuento: normalmente el mando de la televisión en nochevieja está siempre escondido por alguien (casi siempre por mi padre o mi tía que intenta evitar que mi padre lo coja), ya que según quien lo tenga dependerá el canal en el que tomar las uvas.

Este año mi padre no tenía el mando porque estaba intentando pegar el teléfono a la pared para sentirme incluida en las campanadas, por lo que mi tía también estaba relajada y no se dio cuenta de que mi primo David (aprendiz donde los haya) tenía el mando y jugó a cambiar el canal.
Mi sorpresa fue que (yo tenía las campanadas puestas en el ordenador) tras sonar los cuartos y la televisión de mi familia apagarse todos corrieron a otra televisión ya que no se encendía, así que medio comí las uvas solas, hasta que vinieron a por mí (en móvil)  y ya entre lloros y risas nos felicitamos el año nuevo en España.


A mí me seguían quedando bastantes horas hasta despedir el 2017, pero había que preparar el qué hacer.
Pepito (marido de Pepita) y sus amigos tienen un local en Wallingford, donde iban a celebrar el año nuevo y nos dejaban estar allí con ellos compartiendo el rato y música, e incluso la bebida que nosotros quisiésemos.

La nochevieja sin amigos o compañeros de borrachera no es nochevieja, así que en el local de pepita nos juntamos el sector norte de auxiliares españoles y el sector sur, además de varios amigos de la familia de Pepita incluido el grupo de Pepito.
Entre conversación, juego, baile y trago pasaba la noche, eran las 10 y si salíamos algo más tarde nos encontraríamos con todos los bares cerrados, así que adelantamos la hora de las uvas a las 10:30.
A golpe de batería toque junto con Daniela las campanadas provocando algún atraganto debido a mi velocidad entre toque y toque (sorpresa la que me llevé al ver que algo sabia de batería (o eso o iba borracha y me parecía que todo sonaba genial)).

Con las uvas haciendo la digestión llamamos al uber y como pudimos nos montamos. El viajecito fue de lo más entretenido risas, lloros, confesiones y entre una cosa y otra alguna vomitina en la parte de atrás que nos costó $40 de multa.
Como pudimos otra vez llegamos 2 de 4 al bar donde habíamos quedado con el resto (2 de 4) y os preguntareis, y ¿qué pasó con las otras? Pues, como buena nochevieja la borrachera las obligó a retirarse.

Y nada entre risas, lloros y alguna que otra pelea con el dj por no ponerme el barquito del amor terminó mi última noche de año.
Al día siguiente como buena propuesta de año nuevo salí a correr y celebrar que el año empezaba con un bonito y soleado día en Seattle.

viernes, 9 de marzo de 2018

Hermana valiente


Que duro, bonito, gratificante, difícil es ser mujer y sobre todo una mujer feminista. Una mujer feminista que lucha por sus derechos, por ser tratada igualmente. Pueden parecer cosas muy normales, pero los hombres también saben limpiar y yo se cambiar bombillas, ellos saben cocinar y yo puedo arreglar la puerta cuando chirría. Sin embargo, realizar según que acciones asociadas al otro género provocan desacertadas miradas y comentarios, por llamarlos de alguna forma, ignorantes. 

Hola soy Marta Crespo la hermana de Maria y no sé por qué, pero siempre se me han dado mejor las cosas que se relacionan con el sexo masculino que las que se relacionan con el femenino. Me encanta jugar al fútbol, la carpintería (en mi tiempo libre de pequeña hacía cabañas con todos los chicos mientras todas las chicas se quedaban a un lado mirando), me apasionaba jugar a lucha, tenis, frontón… Incluso, solía vestir con ropa que se encontraba en la zona de chicos.




Todo iba bien hasta que comencé a crecer, empecé a abrir los ojos y la mente y me topé con el machismo. Una concepción de entender el mundo, la vida laboral, el día a día en la familia... que no solo la veía reflejada en los hombres, sino también en las mujeres de mi entorno.

Hace unos años (y todavía a día de hoy) en mi casa mi abuela, mi madre, mi hermana y yo poníamos y recogíamos la mesa mientras mi abuelo y mi padre se iban al casino, a echar un café… Ninguno/a éramos conscientes ni nos parábamos a pensar lo que eso significaba, se había hecho toda la vida y estaba tan normalizado que salía instintivamente.


En el colegio me llamaban marimacho y también se llegó a normalizar, alcanzando un punto en el que hasta yo misma me definía como tal.

Jugaba en un equipo con todos chicos, compartíamos vestuario y nos divertíamos todos juntos y yo me sentía unO más. Siempre me sentí como un chico más, hasta que me di cuenta de que estaba equivocada. Poco a poco fui comprendiendo que soy una chica a la que le apasiona el deporte y no por ello soy menos femenina (de hecho de niña era lo más coqueto y presumido que había).

Crecí y me tocó dejar a mi equipo de chicos, me pasé al fútbol femenino (a partir de cierta edad ya no te dejan seguir jugando con ellos) y ahí nació otro nuevo dilema: dejé de ser “marimacho” para ser  “bollera”.
En mi entorno, bollera eran todas y cada una de las chicas que jugábamos y jugamos al fútbol. Este término no entraba en mi cabeza, como iba a ser homosexual solo por jugar a fútbol ¿Qué pasa que solo por practicar cierto deporte ya te cambia tu orientación sexual.En mi caso resultó que, no me cambió la orientación sexual si no que la encontré.

Al abrir la puerta del mundo del fútbol femenino entré en un ambiente un poco más libre y abierto, sin complejos ni tabús sociales ayudándome a conocerme un poco más. Descubrí mi auténtica sexualidad, pero también fui consciente de que se acercaba una serie de problemas: contarle la verdad a mi familia, presentarles como mi pareja a una mujer en vez de a un hombre…
Para muchos de mi familia yo era la princesita, la pequeña, pero me lancé. La primera en saberlo fue mi hermana, la cual desde el principio me apoyó en todo momento y me tendió su mano para cualquier cosa que necesitara. En ese momento me volví a dar cuenta que ser la hermana pequeña molaba y mucho (sobra decir que la mejor hermana la tengo yo). Años más tarde, tuve la necesidad de contarlo en casa y bueno costó aceptarlo, pero el momento que quiero destacar fue el contárselo a mis abuelos un poco más tarde. Ambos, contra todo pronóstico, me sorprendieron con una de sus mejores sonrisas y miles de preguntas, todo parecía ir bien.


Entonces llego mi lesión de rodilla y me toco coger la baja laboral. Todo mi entorno me pedía que dejara el fútbol, que no me iba a dar de comer. Pero nadie entendía que este maldito deporte me hizo ser mas yo que nunca. Sentía rabia de pensar que, si hubiera nacido hombre, quizás no hubiera tenido que dejar mi trabajo porque no tendría otro trabajo, porque viviría del fútbol hasta lesionada.
Es una lástima y una realidad, que mis compañeras de selección jugando en primera división estén cobrando miserias en comparación a cualquier jugador de segunda B e incluso primera regional. A parte de que ellos están mucho mas aclamados, apoyados y respetados social y económicamente.

Pero ya vale de quejas, por fin ha llegado el día. Hoy, 8 de marzo de 2018 las calles se han llenado de color morado, de personas luchando por la igualdad, porque a las mujeres se nos valore y respete, porque nos queremos vivas,  porque lucharemos por las que un día lo hicieron, por las que ya no están y no pudieron luchar, por las que vienen, porque las mujeres valemos lo mismo, porque las mujeres tenemos derecho a cobrar lo mismo por realizar el mismo trabajo, porque las mujeres no queremos ser valientes sino libres, porque las mujeres queremos que no nos enseñen a defendernos ni a normalizar los piropos, por que las mujeres somos bonitas con una talla 34 o una 48, altas o delgadas.

Las mujeres somos unas luchadoras y no dejaremos de luchar hasta que esto empiece a cambiar, hasta que los hombres no nos pregunten el motivo de la manifestación sin sentirse atacados, hasta que podamos volver a casa solas sin miedo, vestir como queramos, amar como sintamos...
Y hoy me siento orgullosa, porque viva la madre que me parió y viva la madre que pario a mi madre porque tengo la suerte de estar rodeada de las mujeres más valientes, luchadoras y bonitas del mundo. Os quiero con locura.