lunes, 6 de agosto de 2018

Nueva Orleans


La primera vez que oír hablar de Nueva Orleans o como aquí la llaman NOLA, fue en 4º de la ESO en clase de música. Hablábamos del origen del jazz, blues, música cajún, de su procedencia y por qué y cómo se creó. 
De cómo las gentes del África habían sido cruelmente traídos hasta América para dejar de ser personas humanas, y comenzar a ser esclavos de hombres blancos. De todo  lo que sufrieron, vivieron y finalmente  lucharon.
Esta historia de desigualdades entre negros y blancos que parece tan lejana y en cambio es tan cercana, me conmueve casi diariamente al ver lo injusta que muchas veces es la sociedad.
NOLA se convirtió para mi uno de los lugares a los que tenía que viajar al menos una vez en la vida, y este año tuve la gran suerte de poder hacerlo.
El viaje fue de Seattle a Houston y de allí en coche rentado cruzamos la frontera entre Texas y Lousiana.


Llegamos a la Ket's house, después de pensar que la carretera estaba en obras (había unos socavones del tamaño de un caballo), que era el lugar donde íbamos a dejar descansar  nuestros  cuerpos tras descubrir la ciudad.
Nada más llegar lo primero que hicimos fue buscar un lugar para salir a bailar. Al ser la ciudad de la música bien tendría que haber  buenos lugares. Encontramos un club en cuya web decía que había música latina, pero nos llevó a un polígono industrial donde nada había. Nuestro segundo intento fue premiado el club que encontramos se llamaba Dragon’s Den. Cuyo edificio tenía una estructura arquitectónica muy común en la ciudad “Creole Townhouse” con dos pisos, balcones de hierro y paredes de madera.


Al entrar pensábamos que nos habían engañado ya que aparte de que la música era rap, parecíamos minions entre gente tan grande y oscura, y nosotros tan blanquitos. Pronto descubrimos que la sala que nosotros queríamos estaba arriba, tras cruzar y salir a un jardín subimos unas escaleras.


Allí la fiesta aguataba hasta que tu cuerpo pudiese, no como en el resto de América que a las 2am cierran. A la salida lo difícil estuvo en buscar algo que comer, pero bueno NOLA también se caracteriza por su infinidad de comida criolla. Nuestra elección fue comer Po`Boy (de gambas y de pollo), un sándwich con lo que quieras rebozado con kétchup mayonesa y lechuga.  La cocina criolla empezaba a enamorarnos.

A la mañana siguiente tocaba hacer la ruta del Voodoo y ver el cementerio de Lafayette y el de St Louis, lo bueno de estos hubiese sido ir con alguien que lo conocía y pudiese contarnos las historias que residen en las tumbas, sino es un cementerio con tumbas viejas y derruidas y grandes mausoleos que de noche yo no visitaría. El Garden Disctrict nada tenía que ver con los cementerios, el barrio estaba lleno de casonas señoriales y mansiones del estilo sureño americano Shotgun House.


Después de ver tumbas nuestro itinerario marcaba la visita al uno de los parques más famosos de la ciudad por su afamado zoo, el parque se llama Audubon. Para llegar recorrimos St Charles Avenue; una gran avenida con sus grandes caserones y el bonito tranvía que también lo recorría. Por algo era peculiar era por sus estrambólicos patos, su pequeño, pero adorable puente con su arcoíris en el río que dividía el parque de un campo de golf y un ser extraño que andaba colgado por los árboles.



Antes de comer faltaba visitar un último parquee, uno dedicado a un gran trompetista de la ciudad, Louis Armstrong Park. La peculiar arte en el río y sus divertidas y musicales esculturas. Además, este parque alberga en él la que fue una importante plaza para la música Jazz y Blues y las danzas.


Ahora ya sí que era hora de ir a comer y qué mejor que probar una auténtica comida criolla cerca del famoso templo del Jazz Preservation Hall (al cual no entramos debido a su precio y su fila).


Por la tarde paseamos por Bourbon Street probando las bebidas típicas de NOLA, el Hurricane y la Granade, dos bombas cuyos “refill” salían más baratos que las copas de cualquier bar de EEUU.


Entre trago y trago disfrutamos de la música en vivo y un ambiente muy Mardi Grass (aunque dicho festival no comenzaba hasta unas semanas después ya se podía apreciar algún collar colgado entre banderas moradas, amarillas y verdes), y también probamos los Beignets.


No era hora de ir a casa (realmente los horarios que llevamos fueron de lo más extraño, pero seguíamos disfrutando igual de esta ciudad), así que, ¿por qué no buscar un rooftop y ver la puesta de sol en el Misisipi? Intentamos subir a la azotea del hotel Marriot pero nos quedamos en la planta de la piscina (era lo más alto que podíamos llegar), así que de ahí fuimos a ver el casino que estaba cerca del coche y a dormir.


A la mañana siguiente tocaba ver el Wooldenberg Park a orillas del río Misisipi, lugar en el que Tom Sawyer hacía de las suyas en los típicos barcos de Vapor y ruedas que navegan por él. La verdad que dejó un poquito que desear ya que el rio no era nada comparado con el Ebro y la rivera (hay un parque bastante majete que se llama Woldenber park) era bastante sosete, con obras al otro lado debido al huracán Katrina,  pero bueno he visto el Misisipi!!


Tras desayunar y ver el río fuimos a conocer más a fondo el French Quarter y todo lo que ello conlleva, como es el arte  que rodea la Jackson Square o como la llamaron los colonos españoles, la Plaza de las Armas.

Su imponente catedral de Saint Louis flanqueada por el Cabildo y la Presbytere (iglesia presbiterana, ya que la Saint Louis era católica), destaca al fondo de la plaza dando pie a la entrada de las calles más coloniales de esta ciudad.


Cómo podíamos irnos sin visitar más bares donde la música te hacía moverte y sobretodo, tiendas Vodoo donde podías encontrarte de todo lo que pudieses imaginar.

Sin duda el aire que se respira en Nueva Orleans es auténtico, y si tengo que repetir algunos de los lugares que visité, este es de los primeros. Arte, música y mundo definen esta ciudad.



Missoula


Las 4:00 am (de la madrugada) y suena el despertador, terminar de cerrar la maleta, coger algo de comida y corriendo a por el tren que se nos escapa en las narices.
Una vez en el aeropuerto comienzan nuestras incidencias (porque un viaje que todo vaya redondo a la primera es difícil). El problema esta vez era con los apellidos en uno de los billetes. 


Una vez solucionado nos juntamos en la puerta de embarque Cristina, Rahul, Miqueas, Natalia y yo; ya podemos ir hacia la avioneta que nos iba a llevar a Missoula!!!
Aunque aparentemente el nombre del destino no resulta atractivo, ya estábamos nosotros para pasar un fin de semana de ensueño.
Durante el vuelo ni se cómo me quedé dormida, el caso es que ni galletita ni zumo, y para más inri me clave algo en la frente que luego me dejó marca y dolía.
Una vez llegados a Missoula (en el estado de Montana) nos encontramos con un oso disecado, el cual nos pareció gigante y mientras esperábamos a algún Uber que viniese a recogernos y llevarnos a casa del hermano de quien nos dejaba la casa y el coche, hablábamos sobre qué podría pasarnos o que podríamos hacer.


Finalmente Missoula es tan pequeño que nadie usa Uber X y tenemos que llegar en dos uber normales porque pool tampoco existe.
En la casa de su hermano la acogida fue espectacular, el padre sabía hablar un poco de Hindi (concretamente mather chot), con lo que encandiló a Rahul, también sabía algo de español y las niñas monísimas nos ofrecían todo lo que se encontraban antes de ir a la carrera.


Ellos iban a correr una carrera así que mientras ellos corrían, nosotros íbamos a comer y esperarlos para subir a la “M” de Missoula. Finalmente ellos fueron a descansar y a la noche nos encontraríamos antes de ir a casa de su hermana.


Jugamos a futbol, nos prestaron unos pantalones cortos y nos fuimos a la “M”, cogimos el coche para ir, y tras mucho buscar ni Cristina ni yo encontramos la palanca para acercar el asiento, ahora en que se subió Miqueas la encontró a la primera, pero ya era tarde para que condujese Cris.
La subidita es corta. En la parte de arriba se ve la zona universitaria, el pequeño downtown, el río y todas las montañas que rodean a esta hoya, parecida a Huesca.


No solo llegamos a la letra, sino que la pasamos y llegamos hasta una antigua mina (no sabemos de qué), donde Cristina y yo entramos hasta ver que al final estaba la cueva derrumbada y no había más acceso.

Tras la expedición y mucho debate sobre qué hacer, acabamos viendo un partido de Hurling (no tengo claro si se escribe así), un juego entre baseball, lacrosse y futbol americano. Allí apoyamos a los Grizzlyes.
Se nos hacía tarde y teníamos que llegar a la casa antes de que anocheciera, y antes teníamos que comprar y despedirnos de la familia que tan bien nos había acogido (la niña pequeña antes de irnos a caminar nos preparó agua y snacks para la excursión).


De camino al mercado íbamos con los niños jugando a lanzar la botella, el mejor juego para entretener a grandes y pequeños en un paseo.
Tras la compra y la dolorosa despedida, nuestra chofer Cris toma las riendas del volante (ahora ya sabemos de dónde se regula el asiento).
Llegamos al valle y encontramos la casa a la primera. Nuestras bocas no podían cerrarse del asombro de semejante casa, parecíamos protagonistas del programa “Bienvenidos a mi casa”. Hicimos la cena mientras Rahul ambientaba el lugar con música, ya que no podía ponerla en el coche y el pobre estaba un tanto desilusionado.


Y lo mejor vino tras la cena, copa y jacuzzi con amigos intentando jugar al “Never have I ever”, entre mi poca imaginación para este tipo de juegos, y que me trababa al decirlo no arrancábamos. Una vez como pasas decidimos ir a dormir y descansar que al día siguiente tocaba 2º día.



Nos levantamos con todo nublado y mojado, nuestro hike corría peligro de ser suspendido (a una mala teníamos de todo en la casa). Pero nos la jugamos y fuimos al lago “Como” ¿Cómo?, si Como, no How. Íbamos llenos de energías ya que nuestros desayunos fueron súper consistentes, y la comida también estaba estupendamente preparada.


Una vez allí comenzamos a hacer el trail que rodeaba al lago. Durante el camino nos entreteníamos posando (unos más que otros), intentando llegar con las piedras al lago (misión que tan solo Rahul y Miqueas podían lograr, y encima sobrados). Las chicas seguimos intentándolo hasta que teníamos el lago en nuestros pies y lo logramos.


El sendero era sencillo, llano, con zonas boscosas y otras fangosas, con riachuelillos cuyo paso era saltando piedras o cruzando árboles caídos evitando que nuestros zapatos waterproof pusieran a prueba su credibilidad.


Y llegamos a una cascada donde como cabritillos remontamos por la orilla pedregosa y musgosa, para intentar ver la gran caída de agua que mi mente había imaginado. Tras atravesar el puente comimos y continuamos con el sendero ya de vuelta al coche. Esta vez lo amenizamos lanzando piñas, dando sustos o jugando a baseball con piñas como pelota y ramas como bates.


Tras no recuerdo cuantos kilómetros aun teníamos ganas de más así que en Bitter Root pasamos la tarde al son de Blues y Jazz en vivo y acompañado de cervezas artesanas (pero no más de 4 por cabeza, porque así lo dice la ley de Montana). Rahul, Cristina y Natalia lo dieron todo en la pista de baile sonriendo y moviendo sus caderas junto con otra mucha gente que allí se hallaban.


La cena de lo más (si es que nos cuidamos como auténticos reyes), barbacoa de cerdo (la carne preferida de Rahul), pollo y muchos vegetales para Cris y Natalia. Ahora era Natalia quien había tomado el mando de la música.


Cena duchas y todo el mundo hizo bomba de humo a su habitación. Los cuerpos estaban cansados y sabían que el último día iba completo.


Y así fue, nos levantamos desayunamos las sobras de las cenas, smothi de frutas, leche, cereales… como reyes. Nuestro objetivo ahora era Corvalis. Más rápidos más lentos, todos llegamos arriba, postureamos descansamos y comenzamos el descenso.


La excursión fue más corta aunque parecía más dura por el pronunciado ascenso entre la estepa, parecida a la de Los Monegros, que abarcaba la zona.


Nuestro viaje ya estaba terminando, ahora nos quedaba recoger, descansar un poco e ir a cenar con nuestra maravillosa familia de Missoula. Allí nos prepararon unas hamburguesas de judías negras que te mueres, y los niños nos alegraban con sus habilidades ocultas como chuparse la nariz, el codo y el sobaco también. Además los trucos hipnóticos que el padre le hacía a la gallina nos asombraba, ¡se quedaba muerta y elegía la carta roja!


Después de una agradable cena, nos acercaron al aeropuerto, donde un finde cualquiera  en un lugar recóndito, acabó siendo muy especial.



martes, 3 de abril de 2018

Lazos entre Whistler y Seattle


Poderte reencontrar con amigos siempre está bien, y si encima te reencuentras en el extranjero aun es mejor.
A Jen la conocí el año pasado y por casualidades de la vida, o el destino ambas nos mudamos a América del norte a una distancia de 4 horas entre dos países diferentes.


Un fin de semana de Febrero Jen y Sergio tuvieron la gran suerte de coincidir dos días seguidos sin tener que trabajar, por lo que decidieron venir a verme.
 El tiempo no acompañó mucho, por lo que tuvimos que descartar varios planes como ir a ver islas y así, pero aprovechamos a ver las típicas cosas que en Google te dice que no te puedes perder.


En que llegaron fuimos a Chinatown  comer una sopa de noodles ya que con el frio apetecía algo calentito, y de allí a Downtown a ver como lanzan los peces en Pike Place Market, contemplar la rueda girando sobre el océano, adentrarnos en el salvaje oeste del Pier 57, la pared de chicles…


Con una buena caminata a las espaldas volvimos a casa para preparar cena y arreglarnos, ya que íbamos a salir a una house party que nos había invitado nuestro nuevo amigo Jun Chen.


En la fiesta había de todo (menos un dj majo que me pusiese la música que le pedía) beer pon (en el que Sergio y yo ganamos), mucha gente, billar, libros interesantísimos (uno lo cogimos por error y los niños de mi clase lo utilizan mucho), fotógrafo y como no un gimnasio en el que podíamos quemar un poco el alcohol del cuerpo.


Al día siguiente un evento acontecía en Estados Unidos LA SUPER BOWL (Philadelphia Eagles VS New England Patriots), no sabíamos si ir o no ya que no tenían mucho tiempo, así que mientras lo pensábamos fuimos a visitar Green Lake (un parque con un lago bastante bonito), Discovery park (y tratar de poner gasolina) y Capitol Hill.


Como la mañana estaba completa y no había mucho ambiente de partido, y además tenían un viajecito de 4 horas más la frontera a casa decidimos finiquitar nuestro finde y continuarlo en Whistler.


El segundo encuentro con Jen y Sergio se dio en Whistler el fin de semana pasado, ella trabaja en la estación de esquí y tenía descuentos tanto para los pases como para el material, así que el andalus y yo nos animamos, alquilamos coche y ale a cambiar de país.


Daban nieves para el camino pero con el coche que llevábamos la seguridad era total. Salimos del colegio, y camino a cruzar la frontera, allí te preguntan pues lo normal, levas armas, drogas… y al decir que no pues te dejan pasar.


Al llegar a Whistler Sergio y Jen nos habían preparado unas maravillosas hamburguesas caseras que nos las comimos en un tris,  y nada poquito de conversación y a dormir que el día siguiente iba a ser duro.


A la mañana nos fuimos a esquiar a Blackomb, el día comenzaba con sol y poco a poco las nubes nos tapaban pero alguna que otra ventana nos daba un respiro.


La estación encima de ser enorme es preciosa, pistas larguísimas, llena de árboles con capas y capas de nieve sobre sus puntiagudas hojas. Tuvimos la suerte de esquiar con nieve recién caída la noche anterior. Además querría destacar que las condiciones fuera de las pistas eran bastante mm ¿divertidas? llenas de bañeras formadas por las tablas. Para poder llegar al final de las pistas, el ingenio humano a veces cree que lo mejor es deslizar el pompis sobre la nieve, y estaba en lo correcto ya que resultó ser mucho más rápido que el resto.


Habíamos empezado a esquiar tarde así que teníamos que hacerlo todo muy rápido para poder ver toda la estación.


Lo más emocionante para mí fue esquiar por en medio de un glaciar, la percha en forma de ancla (como las que había antiguamente en Cantal en Formigal) te deja en un punto en el que tú tienes que cargarte los esquís a la mochila y caminar un poco cuesta arriba para adentrarte en él.


No se veía nada debido a la gran nube que estaba atrapada, por lo que bajamos con mucho cuidado ya que además parecía fuera de pista (la nieve estaba sin pisar y el espesor era grande).


En el glaciar ocurrieron todos nuestros accidentes, ninguno quedamos invencidos pero bueno forma parte de la experiencia, ahora sí, me empiezo a plantear el ponerme casco ya que el ostión que me dio un esquiador en la cabeza me hizo pensar que la tenía abierta (mamá estoy bien).


Poco a poco la nube se soltó del glaciar y pudimos contemplarlo, además podíamos ver también todos los lagos congelados que rodean al pueblo.


Tras todo el día esquiando a casa a comprar la cena (sin vino, porque vale medio riñón) duchas y a dormir, que aún quedaba un día más de esquí.


A la mañana siguiente fuimos a esquiar a otra parte de la estación llamada como el mismo pueblo Whistler. El paisaje era muy parecido y las pista también, pero nosotros estábamos más adaptados al esquí por lo que pudimos meternos por el bosque, dar saltos y practicar trucos.


Estuvo muy bien y además sin incidentes, a pesar de estar más nublado nos nevó menos y la temperatura era más baja (con buena o mucha ropa se aguanta de to), de hecho ambos días mi tubo del agua se congeló por lo que no pudimos beber agua.


La tarde había que aprovecharla y yo quería caminar por un lago congelado así que mis colegas a eso me llevaron. En el primero era arriesgado caminar, pero era precioso, con su embarcadero, la vista a la montaña…


En el segundo siii además de hacer guerras de nieve, caminar por el lago (hasta donde se podía claro), luchar libremente sobre la nieve, hacer carreras de caballitos… además de todo esto hicimos carrera de correr EN EL LAGOOOO menos mal que somos pesos plumas que sino, seguramente la historia os haría reír mas pero ¡jaa no me mojeeeee!.


Era último día y teníamos que probar el jacuzzy inmerso en la montaña de nieve, a lo que el primer valiente se metió se dio cuenta que este no estaba caliente, intentamos arrancarlo  pero no hubo forma así que nos conformamos con ducha y unas buenas verduras con pollo.


A la mañana siguiente tocaba hacer maletas cargar coche y volver a casa pronto que tocaba primer día de escuela.