Añoranzas Aramon
Ha nevado en Formigal, y son
miles los recuerdos que me vienen a la mente. El año pasado fue la primera
temporada que trabajé entera allí viendo día tras día todas las mañanas un
cambiante paisaje cada día más bonito que el anterior, y es que no solo e clima
hacía cambiar el ver de las montañas, sino que cada día compartía, conocía y
creaba nuevas experiencias con más gente.
Y es que no podría centrarme en algún
momento concreto ya que sería muy difícil. A la hora del trabajo muchas
discusiones por qué menú poner “basta ya
de purés” o quien limpia el baño, pero me quedo con los momentos de palear y
tirarnos en la nieve cuales críos, crear un muñeco de nieve entre todos dándole
nombre y todo. Jugar en las colchonetas, pintar en las paredes, el jardín era
un recreo para la mayoría de nosotros, entre pañales y lloros me quedo con los
ratos de cuentos o días de piratas, salir a esquiar con los niños y hacer la
casita o conseguir que los renos se diesen un beso. Ah y que no cunda el pánico
cuando la cinta se rompe, ayuda a mejorar a siesta de los niños tras la comida.
Cine en pantalla grande tirados por los suelos.
No todo era trabajar, después del
trabajo venía lo mejor. Una nueva experiencia como es la convivencia en pareja
los fines de semana, llena de suculentas cenas, paseos y películas. Las noches
tras Marchica eran vuelta a la cama, seguro que Lidia me sigue esperando en los
bares de Formigal. Visitas que amenizan el invierno como la de Chusky, Javi,
Laura y Pablo. Un nuevo miembro en la familia Palma.
Y cuando lega mayo el horario es
más corto y las tardes se convierten en excursiones con raquetas con
deslizamientos de pantalón. Lanzamiento en tirolina con “luna llena” y futbolín
y cerveza. Excursiones cortas con merienda incluida, en el salto de Sallent.
Cómo no, esquiar compartiendo risas alguna que otra bola de nieve, caídas y
saltos.
Cenas, películas, jueves latinos,
despedidas, bailes de vuelta al trabajo por el medio de las pistas, carnavales,
vinagrillos, slackline, escalada, chismorreos en la oficina y fuera de ella y
mucho más. Seguro que las personas que compartieron estos ratos se acuerdan de
muchos más pero no hay blog suficiente para recordarlos todos.
Gracias a todos por hacer del
trabajo lo mejor del invierno, y es que aunque no nos demos cuenta, somos unos
privilegiados por vivir donde vivimos.
Miguel, Fer, Irene, Jen, Oscar, Lidia, Pablo, Jon, Lara, Elisas, Manuela, Juani, Xavi, Chus, Carlos, Mariola, Santi, Inma,
taquilleras, alquileres… HASTA EL AÑO QUE VIENE!






























Creo que me quedaría con: (Maria va un día al rocódromo. Al día siguiente le dice a jenny, mira jen, ya me estoy poniendo fuerte. jajajaj
ResponderEliminarMuy buenos recuerdos de este invierno juntas en la montaña!
La verdad es que no hay muchas personas en este mundo que provoquen sonrisas sin fin... Y María, tú eres una de ellas. Haces que el invierno tenga el brillo del verano, que los problemas se conviertan en circunstancias fáciles de solventar, que lo aparentemente pequeño salga por la pantalla grande. En el trabajo eres entregada, precavida y minuciosa, aceptando toda responsabilidad como un sencillo reto a afrontar. Y sin embargo, cuando llega la hora del tiempo de ocio, eres la primera en proponer o apuntarse a cualquier aventura, porque sabes vivir el momento presente, lo disfrutas con el realismo adecuado sin perder ese toque de ilusión que tanto hace brillar tus ojos. Te has convertido en una importante razón para seguir enamorada de Aragón. No cambies nunca, triunfarás allá donde vayas.
ResponderEliminarTu sirena del Atlántico.