sábado, 9 de septiembre de 2017

Unas vacaciones muy americanas

Nos vamos a la montaña! Aunque no conocemos bien el nombre del sitio al que vamos. Natalia y yo estamos invitadas a ir a una cabaña al bosque a pasar el puente de agosto por el día del trabajador.
La cabaña resulta ser un chalet con toboganes por dentro de las habitaciones y salas con colchonetas o lego o bicis para que los niños puedan jugar sin molestar.

Cerveza de naranja
Estamos junto con 6 familias más (todas ellas americanas). El concepto vacaciones en grupo es distinta a la de España. Las familias cenan y desayunan juntas compartiendo la comida, o cocinando cada vez una de ellas. A la mañana todos nos preparamos el almuerzo y cada cual con su familia pasa el día fuera. Cómo no, con la comida también hay anécdota. Los niños después de las cenan hablaban de (escribo como suena) “Paty”, entendiendo Natalia y yo que iban a hacer como una fiesta pijama antes de irse a dormir o algo por el estilo. Pero no, era que iban a comer algo dulce y como no lo sabíamos nos quedamos sin ello las dos primeras noches. Cuánto se aprende errando. 
Relajandonos en el bosque, un poquito de lectura nunca va mal.
El primer día fuimos al parque estatal Fort Worden, una antigua base militar (antigua, del colonialismo) que se sitúa al norte de una península que no recuerdo el nombre, cerca de la isla Brainbridge. Las playas casi no tenían profundidad, y estaban llenas de roca y piedrecita, ah y el agua helada!. Desde una de las playas podía verse la isla de Vancouvert y desde otra la estación de esquí Stevens Pass. Allí pasamos la mañana buscando cangrejos entre las rocas con Magnus (el hijo mayor de la familia), mientras las pequeñas buscaban conchas y cangrejos muertos en la arena de piedra. 
Dos pequeños exploradores (Helena y Magnus)

Cazando Crabs con Magnus
 Al día siguiente visitamos otro parque estatal, andamos por un bosque durante 20 minutos y desembocamos en una playa, un poco maloliente debido a las algas putrefactas. Allí encontrámos crías de cangrejo en la arena, cuyo tamaño era la mitad de mi uña del dedo currín. También vimos un extraño animal agarrado a la arena, si lo tocabas se hundía en ella haciendo un agujero y escupiendo. Susto gordo se llevó Sybil, la niña pequeña de la familia que enseguida pidió aupa.
Paraisos americanos

Into the wood

Las tardes en la humilde casita situada en Chimacum las pasábamos jugando a volley, un juego parecido al come ranas, que si no recuerdo mal se llama cornhole; balones de futbol americano se veían volar entre los niños y como no bates de baseball también. Tras una de las cenas todos juntos hicimos un partido de kickball, es un juego que comparte las reglas del baseball pero en vez de batear, se le da con el pie al balón. Cuando me invitaron a jugar no sabía de qué iba aquello, pero poco a poco fui entendiéndolo, ya que con sus explicaciones no me aclaraba.
Kickball con Sybil 

Otra de las noches hicimos un fuego de campamento en medio de la campa y pusimos al fuego marshmallows. Estaba emocionadísima, y los americanos no entendían por qué. Ellos no saben que en España es difícil de conseguirlos y no se pueden hacer fuegos y que al verlo en las pelis americanas es algo que todos los españoles (o casi todos) quieren hacer (al igual que cuando vienen a España quieren saber que es la fiesta).
Realizando un sueño

En las pelis parece más sabroso

Me sentía americana! Hasta que me fui a dormir, el azúcar del marshmallow, la galleta y el chocolate (se hace como un sándwich) me subió y ni 20 cafés me activan tanto, pero bueno al día siguiente volvíamos a casa  ya descansaría allí.
Waterfront

Mount Rainier


El lunes, día del trabajador en USA recogimos las cosas, cargamos los coches y vuelta a casa en el ferry, ya que estábamos en una isla. A descansar que la semana que venía iba a ser dura.


Great Wheel

Road

Foto postu con Seattle al fondo 

Consecuencias del azúcar caliente

Feeling American

Comida en la playa

En la playa con Sybil

Brainbridge Island, al fondo Seattle

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